Cada vez está más extendido eso del «gusto americano» como aspiración de nuestro deporte, cuando, como he señalado otras veces, no deja de ser una coartada para que Liberty Media lo envilezca un poquito más.
No está de más recordar que es la propietaria la que anda renunciando a nuestras tradiciones con tal de adaptarse al bendito gusto de los cogieron, quien ha dejado a Netflix que se encargue de la traducción aunque su producto sea tremendamente ramplón y diste nada de una película de sobremesa, de esas malas que impone adquirir por decenas la distribuidora para que se pueda emitir o estrenar uno de esos delicatessen que son nominados para los Oscar o han ganado alguno...
A decir verdad, el «gusto americano», así, en crudo, da lo mismo para chuto que muete, como en Halloween, pero sin chuches ni chocolate como recompensa.
Disculpad que ni me haya molestado en encontrar la última referencia que escribí sobre este asunto, para enlazarla, faltaría más, pero Liberty va a por los rednecks de la afición norteamericana, no a por los patanegra del mundillo yankee, básicamente porque estos últimos tienen criterio para diferenciar una NASCAR, una IndyCar o una Fórmula 1, como formatos deportivos no excluyentes, lo mismo que sucede a este lado del charco.
No resultaría sencillo modificar el «gusto americano» de este segundo grupo, básicamente porque no hay nada que cambiar, así que la de John Malone va a por los gilis, que dicen los argentinos, esa turba de incautos que compran según sale de bonito en televisión y no les pidas más, como pasaba con los cuchillos Excalibur, que se anunciaban de madrugada, hora española. Empero, el riesgo de la operación me sigue pareciendo enormemente alto, sobre todo para tragar así como así con que lo del «gusto americano» resulte beneficioso para nosotros en base a que se ampliaría el negocio y, se supone, nos caería algo más que calderilla.
Nos encontramos ante la supuesta elección entre la chabola de una familia de Milwaukee y cualquier apartamento de la Trump Tower, el de Cristiano Ronaldo, por ejemplo, que tuvo que ser vendido a pérdida, casi a la mitad del precio que costó, pero estamos frente a un simple ejercicio de especulación. Liberty en estado puro: todo por la Fórmula 1 pero sin la Fórmula 1.
La IndyCar está pareja en números a la residual Formula E; la NASCAR por la mitad de los que consigue la Fórmula 1; pero conquistemos EEUU (sic), que no sé pa'que, aunque imagino que lo iremos descubriendo.
Os leo.
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