sábado, 7 de octubre de 2017

Solemnidad


Las carreras se ganan en domingo pero los mazazos se propinan los sábados, en clasificación, así que desconociendo en estos precisos instantes qué efecto habrá producido en Sebastian ver a Lewis calzarse la pole del Gran Premio de Japón, entiendo que la ventaja psicológica ante la prueba de mañana está del lado del conductor británico.

Vaya por delante que ser aficionado de piloto antes que de escuderías me permite leer la misma historia que vosotros desde una vertiente menos fría, digamos. Sí, ya sé que anda por ahí Ferrari, pero como habéis podido comprobar infinidad de veces —para desasosiego de sus fans recalcitrates y/o talibanes—, con ella aplico la misma perspectiva...

En fin, a lo que vamos. La moral interviene en el deporte más de lo que se aprecia o se quiere hacer ver, pero me parece bastante moñas negar que ante una determinada cita, el deportista de elite llega con la moral alta o baja porque viene de una racha buena o mala, si es el caso, o porque se ha levantado con el pie derecho en vez del izquierdo, vaya usted a saber.

El caso es que tanto Hamilton como Vettel nos han dado a lo largo de su carrera profesional suficientes muestras de excesiva dependencia de su estado de ánimo, como para que desestimemos la psicología en todo lo que está sucediendo —al fin y al cabo, son humanos como nosotros—, lo que inevitablemente apunta a que el de Tewin seguirá sacando conejos de su chistera mientras continúe enchufado al éxito y no encaje al menos dos tropezones consecutivos.

He dicho dos, no uno, porque una mala tarde la tiene cualquiera, pero dos suelen ser síntoma de que algo no funciona correctamente y ahí empieza a flaquear la confianza, prima hermana cobardica de la moral alta.

Vettel sabe perfectamente de lo que estamos hablando. En Italia fueron mal las cosas y en Singapur se agravaron. En Malasia, simplemente se comenzó a seguir al pie de la letra eso tan extendido de «Nada es tan malo nunca como para que no pueda empeorar.»

Sebastian tiene en Japón dos prioridades: romper su propia mala racha y empezar a quebrar la confianza de Lewis, y ello sólo es posible si obtiene la victoria en Suzuka, circunstancia que conoce perfectamente el piloto británico, quien además goza de margen suficiente en la tabla de conductores como para limitarse a dosificar su ventaja esperando a que, en caso de producirse, los malos vientos amainen...

La bola de partido está en manos de Hamilton y con la extraordinaria pole conseguida hoy, también saca él. Tiene la moral tan por los aires que sólo un fallo mecánico, un pinchazo o un accidente, Dios no lo quiera, evitará que salga de la tierra del sol naciente tan fuerte como llegó a ella. Nos pongamos como nos pongamos, un triunfo de su principal rival en la lucha por el título también es asumible. Hoy por hoy Lewis parece invencible porque psicológicamente es el más sólido de los dos contendientes.

Os leo.

1 comentario:

Lady Adhyra dijo...

Muy de acuerdo. Hamilton es de los que va de buena racha y luego parece perdido, desconocido por un par de carreras. Por el contrario, Vettel tiene lapsus donde pierde la cordura que sorprenden.

Podriamos decir que Lewis a veces se muestra perdido ante las circunstancias cuando su Flecha de Plata no rinde como espera; mientras Vettel se engrana de frustracion y agresividad hasta lo increible...

Y por lo visto hasta ahora, el britanico ha aprendido mucho de calculo y paciencia de su excompañero, el actual campeon (aunque nunca vaya a admitirlo de la boca para afuera ;p)