martes, 31 de octubre de 2017

Noche de ánimas


Mi mundo conocido se está desmoronando a una velocidad de vértigo pero me siento inusualmente feliz. A veces me da la sensación de vivir en el interior de un remolino que me engulle hacia las profundidades del océano y sin apenas notarlo, he empezado a vivir cada triunfo diario como si fuese el último.

No sé con certeza si esto es bueno o malo. No me ha sido condecido este don. Tampoco soy muy de manuales de autoayuda, la verdad. Andará por ahí un libro de Deepak Chopra que cerré para siempre al cabo de media docena de páginas leídas. Por no usarlo, ni me he molestado en regalárselo a nadie. Los gurúes me cansan, bien lo sabéis. No aguanto a Jodorowsky ni a Coelho salvo que Moebius ilustre sus textos o guiones o lo haga Juan Giménez. Practiqué la meditación trascendental y la cotidiana en mi tierna juventud. Hice yoga más tarde, pero mi maestro me engañó...

Vivir defendiendo un muro que suma 185 años entre poniente y oriente tiene su tela y no aspiro a que lo entienda nadie. El sábado pasado, por ejemplo, mi madre iba por fin a la peluquería tras dos meses de negrura. Mi suegra sufrió un infarto cerebral en la tercera semana de agosto. Luego sufrió dos más (que supimos reconocer) a principios de septiembre. Doña Matilde, sintiéndose en cola de espera con noventa años recién cumplidos, se vino abajo por pura inercia y miedo... yo con ella.

Hablaba de esto mismo hace un rato con Darío, quien nos dejó hace poquito más de un año. Ferrari y el recuerdo de Hermes Trimegisto... ¡cagüen la leche! Con Alejandro he charlado inmediatamente después sobre termodinámica y el secuestro de Elena, la de los buitres, y ese Cardenal Mendoza que dejamos ambos a medias.

Y por último Roberto, mi Roberto... Más de hora y media a cobro revertido con el gallego intentando (él) que no mande (yo) todo a tomar por el saco cuando anda el mundanal ruido arrogando al veganismo que dice profesar Lewis Hamilton, sus éxitos sobre la pista.

¡Quiero morirme! ¡Ay! ¡Treinta y uno de octubre! Noche de difuntos, ¡de ánimas!

El bueno de Puigdemont utiliza su españolidad (es la que le da derecho a ser ciudadano europeo), para seguir proclamando desde Bruselas la independencia y legitimidad de la rebelde Ítaca, mientras en su auténtico país no salimos del asombro y los funcionarios de la república nonata se juegan su futuro inmediato defendiendo la quimera, y en medio, una temporada de Fórmula 1 que no sabe superar la épica de Lewis Hamilton y las propuestas para 2021 que ha hecho públicas hoy la FIA.

Pienso en Carlos. En su buena actuación en Austin y en la desastrosa de México, tan suya como la otra, donde fue doblado dos veces en el Hermanos Rodríguez.

Al español lo llamaron de La Régie para eso, precisamente. Para sufrir levantando un proyecto hombro con hombro de Nico Hulkenberg. Darío, Khan y Roberto, y yo, coincidimos en que aspirar a otro escenario suponía ser gilipollas del culo antes del Gran Premio de México, y después, a comérsela con papas, que decía aquél.

Carlos merece un marco por los santos cojones que se gasta, pero es noche de ánimas y el ambiente solicita clemencia con donjuanes y bobos. Donde esté arrimarse a los ídolos, que se quite hablar de Fórmula 1.

Os leo.

3 comentarios:

Pelayo Blanco dijo...

Buenos días Jose:

Como muy bien dices, hay circunstancias que superan a uno y le hacen desear irse... irse lejos, para no volver, nunca. Pero luego, como de reojo, encontramos esos que están a nuestro lado, más o menos cerca, y que sin que medie razón para ello, nos quieren, y entonces recuperamos nuestra presencia de ánimo y volvemos a tirar p'alante. Entre todo ese vaivén de sensaciones, tal cual bestias propias vidas dictan, se debatió Fernando estos últimos 3 años y, al final, ha visto de reojo esa mano amiga, esa gente que le quiere por que sí, en forma de una escudería que ha luchado por él para poder hacerlo en 2018 para él. Echa un vistazo, aun que sea de reojo, que verás que somos muchos los que estamos ahí, cerca, a tu lado, sólo porque eres como eres!!!

Tadeo dijo...

Un abrazote, hoy es mal día para muchos de nosotros. Aun no me he recuperado de la visita de ayer a poner flores frescas

enrique dijo...

Este día puede ser uno de los más tristes del año por razones que todos nos podemos imaginar y alguna otra que no tanto. Tengo en mi ADN el estar triste hoy. Y no deja de ser curioso como todo el mundo celebra entre risas y jolgorio, ponerse una careta y asustar. Supongo que son cosas de hacerse mayor. Voy al trastero a por mi careta feliz. Mil perdones por escribir esto tan tarde.