jueves, 18 de junio de 2026

La gente «wapa»


Tengo suerte. Estoy rodeado de old school y ninguno aguanta tanta gente «wapa» como sale por televisión cada vez que hay Gran Premio. 

Sea por envidiosa plousiofobia o debido al abuso de los esqueches de Miguel Maldonado, los celebritis y pseudo socialités que se han adueñado del paddock resultan a día de hoy un puñetero coñazo, a todas luces inasumible para una afición acostumbrada a vivir su voyeurismo en la más silenciosa intimidad, acaso compartiéndola con un puñado de amigos.

Liberty está empeñada en convertir a esta tropa en parte del decorado, pero el caso es que sus selectos integrantes no se dejan. Saben de primera mano qué valor tiene el dinero, su dinero, y lo mismo los machacas de turno impiden el paso a todo un Jackie Stewart que la Kardashian hace un sapo a Martin Brundle, que el inglés encajaba con flema británica en Mónaco, básicamente porque a la churri de Hamilton no se la cuestiona, ni siquiera cuando a la chiquilla no le dan las luces para entender que hay toallas que jamás se tocan.

After, after, after, no muy after, siempre sale alguien que se empeña en ensalzar un selfie o destacar el valor añadido que supone que Tom Holland opine sobre nuestra disciplina porque le han dejado ondear la ajedrezada. Pero a mí que me lo expliquen. 

El pastizal que ganó Brackley el año pasado [Mercedes F1 smashes profit record with $223 million in 2025] no puede haber salido solo de este tour de force al que nos somete la de John Malone fin de semana sí y fin de semana también. No sé, me digo, bajando un poco las expectativas económicas de Mercedes AMG y el resto de equipos, incluso de la FIA y la propia Liberty Media, a lo mejor seguían saliendo las cuentas sin exponer al respetable a un espectáculo dantesco que no aporta absolutamente nada.

Que la gente «wapa» siga asistiendo, desde luego, pero mejor si no sale del Paddock Club o de las zonas exclusivas que le dispensa cada equipo en sus respectivos Motorhome, pues sería de agradecer que nos dejase un poquito en paz con su insulsa y prepotente presencia.

Os leo.

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