martes, 9 de junio de 2026

¡Que nos quiten lo bailao!


De tener algún tipo de mando en plaza, evidentemente, declararía festivo los martes siguientes a cada carrera con la intención de realizar el funeral correspondiente. Hoy, en ese suponer, habríamos celebrado las exequias del Gran Premio de Mónaco y podríamos meternos de lleno con el Gran Premio de Barcelona-Catalunya sin que rascase lo más mínimo romper esa urgencia que ha impuesto Liberty Media al calendario F1.

Las pruebas no duran nada. Se nos van de las manos en cuanto bajan el telón. Se acaban el lunes, quizá debido a que, si la chavalería aguanta mal la duración promedio de un Grand Prix (Domenicali dixit), tampoco podemos exigirle que estire la cosa como la estirábamos nosotros en nuestros tiempos mozos.

Humildemente lo digo: nos vendría de perlas un festejo de estas características después de cada cita. 

Esquela publicada el martes tempranito en la Autosport y Motorsport, a página completa y patrocinada, of course!; al mediodía, recepción en la intimidad seguida de lunch y refrigerios —estilo peli norteamericana—, para familiares, gente del paddock y amigos, todos vestidos de negro riguroso; luego, a media tarde, tentempié regado y pasacalles retransmitido por Sky Sports, mientras se acompaña con música y baile los restos, o despojos según haya ido ido el asunto el domingo anterior. A las 19:00 visita guiada al cementerio leyendo epitafios: «Pudo estar mejor, lo lamento», «El año que viene vuelvo», «No me calentéis la cena», «Pelillos a la mar. No fui yo, fue tu jefe», «Si me llegas a pillar con 20 años menos...», y para finalizar, sobre las 19:30, las palabras del párroco invitando a la oración ante la tumba, y la ceremonia de dar tierra definitiva a lo que fue sin duda una alegría mientras proporcionó titulares y optimismo a raudales.

Me tiran los funerales de New Orleans pero se podía mirar otro modelo; total, para las 20:30 los recuerdos y las opiniones habrían dejado de importar, ya que, fuera de la liturgia y la seriedad del momento, los de Hamilton y Leclerc se harían amigos para siempre o se habrían liado a hostias, y lo mismo pasaría con los de la Kardashian y Brundle, ya me entendéis...

Al día siguiente —mañana por la mañana, ya que estamos—, resacosos o no, a ponernos con Montmeló, conscientes de haber cerrado una herida que abierta sólo causaría molestias porque no se ha tenido tiempo material para digerirla o sanarla. Y mira, entonces sí, ¡que nos quiten lo bailao y a otra cosa, mariposa...!

Os leo.

No hay comentarios: