Con el tiempo me voy volviendo raro de narices. Si compro vainas (judías verdes), un ejemplo, para almorzar lustroso con patatas y refrito de ajo, me gusta que el producto responda a la calidad que me han vendido y, obviamente, a su precio, que no suele ser bajo en legumbres de temporada. Comemos en casa muchísima menos carne que hace años, creo que os lo conté, pero si pido añojo de ternera o pechuga de pollo de corral, espero ternera o pollo de corral, no algo que se le parezca de lejos...
Son manías, lo entiendo, pero me pasa con libros, música en CD o .mp3, incluso en el cine o el teatro, o un concierto. Si el volumen contiene páginas en blanco, o repetidas, o las cubiertas están dañadas, lo retorno a la librería. Si las pistas crepitan o se oyen mal grabadas, lo mismo: devuelvo el material y, si no me lo pueden sustituir, solicito el reembolso.
En una sala de proyección nunca me ha pasado, pero si la obra o el espectáculo comienzan más tarde de lo previsto y falla la iluminación o no se escucha bien o no se oye nada, o los intérpretes o los actores no se saben las canciones del repertorio o el texto, me voy.
La verdad es que no sé cuándo hemos normalizado que nos tomen el pelo como esta mañana durante el Gran Premio de Bahrein celebrado en Sepang. No ha sido la primera vez ni seguramente sea la última, pero resulta sangrante que nos hayamos acostumbrado a que, después de un truño de espectáculo, los voceras y sanitarios de turno se empeñen en que veamos blanco lo que es negro. La actividad es muy compleja, dicen. Hay que tener paciencia porque la Federación y los equipos todavía precisan de tiempo para comprenderla...
A ver, están ofreciendo Fórmula 1 y esto de hoy no es Fórmula 1, de hecho, la prueba ha durado menos que los periodos de interrupción donde nos hemos hartado de ver publicidad mientras nuestros oídos se saturaban de chorradas, muchas de ellas ni siquiera venían a cuento. Desconozco cómo les ha ido a los VIP o si alguno de ellos ha terminado con una tajada monumental, y, sinceramente, este aspecto me interesa bastante poco porque lo que me gusta es la acción en pista, pero no una acción cualquiera sino una acción de verdad, como la que hemos podido disfrutar entre los giros 12 a 14, periodo de tiempo tan breve que no sirve para salvar una prueba de un Mundial donde la excelencia debería ser la norma y no la excepción.
No hemos podido salvar a Russell [¡Liberad a George!], pero a cambio, Verstappen nos ha salvado a nosotros del tedio y el Lormetazepam. Ayer supremo en clasificación, hace unas horas, proporcionando coartada a los que insisten en que esto es igual que la F1 que nos atrapó cuando niños. ¡Sí!, ¡sí por mis avellanitas!
Os leo.

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