Hombre, resulta bastante obvio que al austral le faltan todavía algunos minutitos de microondas en determinados aspectos, es un chiquillo, pero me parece excesivo culparle a él de un descarrile de aficiones que, en el fondo, se promueve con ahínco desde nuestras fuerzas vivas porque nutre de pólvora diaria a la prensa, a los creadores de contenido, a los influencers y a la propia Fórmula 1.
¿Es nocivo el entorno del pilarense? Bueno, de momento no he conocido a nadie de ese entorno que haya ido a quejarse a Dirección de Carrera en plan alcahueta, con el fin de que al compañero de su hijo lo sancionen por una fechoría que no ha cometido. Vamos, que he visto en acción entornos muy y mucho nocivos y tampoco ha pasado nada.
¿Hay algo de xenofobia en este asunto? La verdad, en este punto no me jugaría la mano con la que dibujo, disculpadme.
Tratándose de británicos, franceses y argentinos todo es posible, aunque leo que las aguas ha remansado y me congratulo por ello, ya que considero que la cosa se ha ido de madre por aquello mismo que nos advertía a mediados del siglo pasado Marshall McLuhan sobre que el medio es el mensaje, y es que, teniendo en cuenta que el medio muestra cada vez más prisa por autodestruirse con tal de publicar primero lo que sea, exclusiva o tontería, un rifirrafe como otro cualquiera entre pilotos, de los muchísimos que acumula en su historia nuestro deporte, al poco de originarse alcanzaba categoría de incendio descontrolado, pues la cacofonía y los algoritmos hicieron de las suyas.
Os leo.

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