Son las 20:32 cuando me pongo a escribir este texto breve. Es festivo en España —¡Felicidades, Pilar. Sí, tú, ¿quién iba a ser? Y felicidades también a las mañas y maños que me leéis aquí o me seguís en redes sociales!—. Todo cuenta, obviamente, pero si lo suyo durante esta castaña de temporada era que festejásemos el entierro de cada carrera disputada allá como el martes de la semana siguiente [¡Que nos quiten lo bailao!], en esta ocasión no hemos llegado ni a la tarde del lunes. Vamos, que me he debido perder tanto el funeral como la inhumación...
En sí no es preocupante, bueno, no es preocupante para mí, y quiero decir con todo esto que la preocupada debería ser Liberty Media pues es ella la que se juega los cuartos, pero si la gente desconecta tan rápido y los plumillas se quedan sin nada que decir a tan sólo 24 horas de celebrarse una prueba del Mundial, la cosa incluso puede estar peor de lo que aventuraba el viernes [El hundimiento].
A ver, no es retórica. Sobre el papel disponemos de los mejores monoplazas de competición aunque su progresión a lo largo de la campaña no esté siendo la que todos esperábamos. Disponemos, asimismo, de un plantel de pilotos que, en otras manos, en otras disciplinas, atraparía a los aficionados entre las mullidas orejeras de sus sillones: un fiera neerlandés con cuatro coronas a sus espaldas; la última esperanza negra, un heptacampeón que no pasa por sus mejores momentos porque no quiere, como Feijóo; un bicampeón que no debería estar ahí; un campeón vigente; los cuatro rodeados por gente como Charles Leclerc, a quien la Fórmula 1 aún no ha hecho justicia, o Russell, u otros veteranos o cualquiera de los jabatos que acaban de perder sus dientes de leche y precisan carne donde hincar sus colmillos recién estrenados, al igual que está haciendo Kimi.
Marcas legendarias como McLaren, como Mercedes-Benz o Ferrari, o Red Bull, o Williams o Cadillac aunque la norteamericana todavía no esté hecha. Fabricantes como Ford, Audi, Honda, etcétera...
Y si con estos ingredientes Liberty Media consiente en que las carreras se apaguen en horas, mejor que se aparte de una puñetera vez. Pronostiqué que Domenicali no llegaba a Navidades pero ahora mismo debería estar siendo pasado por la quilla, para luego embrearlo en cubierta y depositarlo después en una isla perdida cubierto de plumas.
Soy consciente de que estas líneas suponen poco menos que predicar en el desierto, pero si no las escribía reviento.
Os leo.

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