Vivimos quemando y abriendo etapas, y aunque hay demasiada gente que considera que la que sufre es eterna y no necesita recambio, lo cierto es que los seres humanos consumimos nuestra vida en un perpetuo tránsito entre universos que se suceden como cuentas en un collar. Por ello admiro a las personas consecuentes, se vistan por los pies o lo hagan por la cabeza (antiguamente esta frase hecha tenía un significado claro que los nuevos tiempos han tirado por los suelos, disculpadme que la mantenga), que entienden que hay que coger la maleta para comenzar una vez más de cero.
Echando la vista atrás comprendo ahora por qué el comportamiento de Fernando resulta tan extraño a los ojos de los aficionados. Desde 1997 —casi trece años, ¡se dice pronto!—, todos los campeones del mundo se han retirado en la escudería que les permitió conseguir sus éxitos, o permanecieron en ella hasta su abandono definitivo, salvo Button y Alonso. Mika Hakkinen, coronado en 1998 y 1999, se largó de McLaren a finales de 2001 tras ocho años de convivencia. Michael Schumacher, consumado triunfador desde 2000 a 2004, terminó sus
primeros días en la misma Ferrari que lo cobijó en 1996 y lo dejó partir diez años después. Kimi Raikkonen, lograba su entorchado en 2007 con Ferrari, y de Ferrari se nos ha ido a los rallyes después de dos años de vestir de
rosso. Lewis Hamilton sigue en McLaren, equipo donde se estrenó un año antes de obtener el título de 2008…