martes, 30 de junio de 2026

Toto no juega a los dados


La famosa frase que escribió Einstein en su correspondencia personal con Max Born, cobra hoy una relevancia inusitada, sobre todo después de haber compartido la mañana con los integrantes y el personal del Centro de Día que tiene GAUDE en nuestro término municipal, a los que se han sumado otros venidos de otras partes porque, decíase, el invitado de la jornada entendía algo de Fórmula 1 además de ser escritor e ilustrador jubilado.

El baño de cariño ha sido inenarrable. Hemos hablado de ballenas y balleneros, de barcos capaces de surcar el océano en los siglos XV y XVI con la sola ayuda del viento, también lo hemos hecho sobre dibujos a plumilla, a rotulador o a la acuarela, de vikingos y piratas, de la antigua Isla Tortuga, del bacalao de Terranova y de aventuras que nacen de apuntes escritos en servilletas y luego dan para libro, y de Max, Kimi, y de Carlos y Fernando.

Volvía para almorzar y pensaba en el autobús en el poco valor que damos a la generosidad. Wolff, por ejemplo. Tiene pasta para vivir holgadamente doce vidas y este año cuenta con la mejor plataforma y un firme candidato al título que, además, hace tilín y talán a las nuevas remesas de la chavalería, pero el hombre va y pretende seguir tomándonos el pelo a los aficionados, igualito que hizo cuando fingía que sudaba tinta china ante la amenaza de Ferrari y Vettel hace más o menos una década.

Si no hubiese escrito tanto sobre esta actitud del vienés [La dura vida del «racer»], a lo mejor nos habríamos ahorrado esta entrada sobre el Gran Premio de Austria 2026. Pero el caso es que tenéis la escaleta completa para esta temporada en diferentes textos publicados entre marzo y esta fecha. Antonelli se coronará Campeón del Mundo, a pesar de los supuestos problemas de fiabilidad Mercedes AMG se calzará un nuevo título en octubre a no más tardar, Ferrari y George harán de señuelos para mantener vivo el espectáculo y pare usted de contar.

Bajo esta óptica, el lío de las banderas amarillas del sábado en clasificación carece de importancia, como la victoria del propio Russell o la aparente resurrección de Verstappen en Spielberg. Todo, absolutamente todo, está supeditado ahora a aparentar que existen riesgos donde no los hay, porque, lisa y llanamente, Brackley está gestionando su ventaja mientras guarda las apariencias. The Show Must Go On...

El boss de la anglo-alemana podría ser generoso y dejarnos disfrutar de Kimi sobre su portentoso monoplaza campeonando a lo Hamilton, batiendo récords o destrozando hitos, pero ha preferido darnos gato por liebre una vez más. Tanto es así que la única pregunta que soy capaz de hacerme en estos instantes es: ¿cuándo y cómo despeñará a Russell? [No, I'm your father], ya que desconozco si el universo juega a los dados, aunque me jugaría la mano con la que escribo y dibujo a que Toto no lo está haciendo.

Os leo.

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