Por mi parte sólo siento orgullo y satisfacción borbónicos al llevar años denunciando la continua devaluación que sufren los conductores, a quienes se invita a que no digan pecadotes por radio ni en ruedas de prensa, por ejemplo, a pesar de que, en realidad, sufren auténticos asaltos a su intimidad porque al personal le chiflan las conversaciones internas durante la retransmisión.
No cobro por esto ni nadie patrocina Nürbu, así que me consuelo con tonterías como la que acerco hoy al blog, pues siete meses después de haberme ciscado en todo lo que se menea con el asuntito de marras [¡Por favor, parad!], me encuentro conque en la antesala del Gran Premio de Gran Bretaña los pilotos han comenzado a mostrar en público su rechazo a este tipo de eventos ridículos que ha impuesto Liberty de un tiempo a esta parte [Lewis Hamilton and Max Verstappen criticise Formula One's Lego car parade].
Hemos mencionado alguna vez la Carrera de Campeones del 84 (1984 Nürburgring Eröffnungsrennen), en la que comprobamos cómo el nuevo sol que iluminaría aquella década había nacido en Sao Paulo, dedicamos una entrada a la serie Procar [Procar], y hasta seguimos las evoluciones de Walter Rorhl circulando sobre un Porsche Junior Traktor por el Nordschleife [20 de abril]... y bien, seguro que me he dejado en el tintero alguna aventurilla más de este tipo, anotada aquí o no, porque la Fórmula 1 y los espectáculos teloneros no los ha inventado la propietaria de nuestro deporte, ni mucho menos.
El caso es que contraes matrimonio con Disney o Lego exclusivamente por la dote, y en vez de sacar la cabeza cavas un poco más el pozo donde yacen los legendarios Rohirrim bajo toneladas de faltas de respeto a su desempeño y profesión.
Dice Max que no quiere parecer un clown, pero cuando Liberty Media insiste en encontrar su futuro, no el de la actividad, en una afición indocumentada que abusa del selfie y los crush en Instagram, se baja los pantalones ante cualquiera, y lo único que consigue es que los 22 mejores pilotos del mundo parezcan 22 tipos normales que están ahí para contentar al respetable así tengan que disfrazarse de bufones antes de una carrera.
No olvidéis que cuando un payaso se muda a un Palacio, no se convierte en Rey; el Palacio se convierte en un Circo. Obviamente, aquí de histrión Augusto hace nuestra querida promotora, no vayamos a equivocar la partitura, y junto a ella también me refiero a los numerosos que siguen riéndole las gracias.
Visto la poca repercusión en medios y redes el acaecido que os acabo de narrar, sólo me resta replicar las palabras de Théoden arengando a sus jinetes en la batalla de Pelennor: ¡Eorlingas! ¡Lanzas se agitarán, escudos se astillarán, una jornada de espada, un día rojo al romper el alba! ¡Cabalgad, cabalgad hacia Gondor!, porque nací en Moria y mi hacha de doble filo sabe que está en el lado correcto de la historia, como las manos que la sujetan.
Os leo.


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