viernes, 19 de junio de 2026

Pero puedes escuchar la música


¿2007? ¿A qué 2007 nos estamos refiriendo?, ¿a aquél 2007 en que Nürbu se echó al monte mientras Laboa y el Orfeón Donostiarra entonaban el Baga-biga-higa (Lekeitio 2), y el destierro lamía nuestras botas porque un piloto rebelde había decidido enfrentarse a pecho descubierto a McLaren, a Ron Dennis, a la FIA y la intocable élite del periodismo anglosajón? ¿Se trata de ese 2007...?

Lamento deciros que no hay mucho que comparar con 2007 si hablamos de Russell, un piloto a mi modo de ver mejor y con más velocidad que Norris, por ejemplo, que, sin embargo, ha dejado que sus complejos hayan laminado sus escasas opciones de sacar la cabeza de entre sus rivales. 

Ahora es Antonelli pero podría ser cualquier otro apellido. Como escribía hace más o menos quince días [No, I´m your father], el problema de nuestro protagonista es que no ha enfocado todavía quién es su enemigo real y permite a éste que le acaricie la espalda o le dé chuches cuando se porta bien. George muestra alma de lacayo y así no se va a ningún sitio, mucho menos en Fórmula 1. Como Paco en Los Santos Inocentes, cumple porque espera que el señorito Iván le recompensará, cuando todos sabemos que al señorito Toto no le temblará la mano a la hora de quitárselo de encima cuando Max aparezca en el radar y esté a tiro.

En Montmeló imaginé que había llegado el momento. Cuando lo llamaron a boxes pensé: ¡hazlo!, ¡impide que te metan en la lobera! ¡Imponte!, ¡sigue en pista y continúa haciendo lo correcto! ¡Por Dios, no dejes que te maten así...!

Pero no estamos en 2007 ni por las venas de Russell corre esa mala hostia característica de nuestro bicampeón del Mundo, ni el de King's Lynn goza de la misma inteligencia intuitiva que tiene el de Oviedo, quien en Bahrein de aquel infausto episodio ya sabía que no luchaba contra Lewis Hamilton y, así y todo, decidió que iba a vender cara su piel hasta el final del campeonato.

No, no hay nada que comparar. En la cinta Oppenheimer, Oppi confiesa a Niels Bohr que no se lleva bien con las matemáticas, y el físico danés le contesta: «... but can you hear the Music». Alonso sigue escuchando la música, pero Russell se ve que es de otra pasta.

Os leo.

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