El callejero de Long Beach siempre resulta un lugar que invita a las sorpresas, aunque durante la disputa del último Grand Prix of Long Beach celebrado el domingo, la sorpresa en cuestión vino de la mano de la inteligentísima lectura de carrera que llevó a Scott Dixon de la octava plaza en parrilla a ver la ajedrezada como ganador.
Con Felix Rosenqvist partiendo desde la pole y los principales candidatos salpimentando tras él seis de las siete primeras posiciones, nadie en su sano juicio podía prever el resultado final, pero Dixon tenía claro cómo intentarlo y ejecutó su plan con una frialdad digna de elogio, exprimiendo hasta la cáscara la duración de sus compuestos duros y economizando a la gota cada galón de combustible. No había mucho margen para la creatividad estratégica, pero Chip Ganassi y su piloto neozelandés jugaron al siempre arriesgado juego de adelantar paradas, y lo cierto es que la cosa funcionó.









