martes, 16 de abril de 2024

Toscana, 16 de abril


No voy a ocultar que mi relación con Twitter atraviesa uno de sus peores momentos. 

La falta de tiempo material, o mejor dicho: haber encontrado alicientes más atractivos en otros ámbitos de mi esfera personal —no tengo otra (de momento), ya lo siento—, ha convertido las iniciales pellas por carga de trabajo en una pereza tremenda cada vez que me animo a entrar... para batirme en duelo con los bots porno y los bots fachas, los crypto y la madre que parió a Peneque, con los anuncios del todo a cien, los de emprendimiento, los serios, y con mil y una chorradas que el algoritmo considera de mi interés, y todo para que, una vez perdido el contacto con la gente con la que disfrutaba, porque la red así lo decidió, unilateralmente, tener que ir a buscarla en sus respectivos TL.

No aguanto a Elon Musk, huelga decirlo. Como Liberty Media en F1, el sudafricano vino a mejorar la experiencia del usuario y luego le aplicó el si te he visto no me acuerdo, y de la manera más ramplona posible. 

Por razones que no vienen al caso no me queda otra que continuar cumpliendo condena allí, pero os juro que se está tan agustito en la Toscana, en mitad de un abril encantado como éste, escribiendo, leyendo, dibujando, paseando o simplemente estando, que, como la chica de la tele, me comprometo sólo lo justo, pues la vida es muy larga y no hay por qué desperdiciarla.

Os leo.

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