«Llegó la guerra, pusimos cinta aislante en las ventanas, nos colgamos la máscara antigás en la cintura y, básicamente, seguimos haciendo lo mismo que en los meses anteriores. Cientos de tipos disfrazados de Rambo se congregaban cada tarde junto a la piscina del hotel y escribían vibrantes crónicas sobre la guerra que imaginaban. [...] En Kuwait e Irak había guerra, pero el grueso de la prensa estaba en el limbo saudí; pese a ello, las redacciones recibían la dosis cotidiana de hazañas bélicas de sus avezados reporteros en el conflicto del Golfo...»
Anda la euforia británica por las nubes, y no es para menos. Reino Unido dispone, por fin, de un múltiple campeón del mundo al que sólo le queda vencerse a sí mismo en pista, pues fuera de ella prácticamente lo tiene todo hecho. Bueno, dentro también, para qué vamos a engañarnos. Goza del pepino que querría para sí Vettel y, su jefe, Toto Wolff, ya nos tiene advertidos sobre lo difícil que es mantenerse en el pináculo del motorsport con tanta amenaza como anda suelta.









