lunes, 7 de octubre de 2013

El algodón engaña


Twitter es una herramienta de comunicación vertiginosa. Bucear en los TL es hacer espeleología, de forma que hoy descabellas en público a Jaime Alguersuari o María de Villota, y en unos meses puedes estar dando lecciones de educación como si jamás hubieses roto un plato. Como red se me propone muy áspera. Me gusta escribir y argumentar, y los debates en Twitter me resultan imposibles de llevar porque 140 caracteres nunca me dan para tanto, de manera que sospecho que el blog es mi medio natural, que aquí nací y aquí seguramente moriré, obviamente, preso de mis palabras y mis razonamientos.

Traigo la red del pajarito a cuenta porque inevitablemente, teniendo perfil en ella, uno que es humano a veces peca y echa un rato intercambiando opiniones con los inmediatos, saludando a los amigos, haciendo nuevos y conociendo mejor a los extraños. Este fin de semana he estado allí con algo más de tiempo que de costumbre y me he vuelto a encontrar con el mismo fenómeno que hace un año ya, me llevo a quitarme silenciosamente del tuiteo: la velocidad mata el contenido.

domingo, 6 de octubre de 2013

Historias


Siempre he defendido que él fue el primer garajista, aunque cuando llegaron los otros se las dio de marca porque se había codeado con Alfa Romeo y Lancia. Jamás se lo perdonaron los british, la arrogancia latina siempre ha sentado mal a los hijos del pérfida Albión y siguen sin perdonárselo a la escudería que aún lleva su nombre, aunque quienes lo manejan ahora son marca en vez de taller.

Enzo fue un soberbio y un señor de la guerra a su estilo. Tenía territorio y nunca perdonaba que nadie lo pisara sin permiso. La única diferencia entre Vito Corleone y el de Módena, de existir, cosa sobre la que muchas veces dudo, consiste en qué bando militaban, porque ambos, desde la ficción o la realidad, vinieron al mundo en familias poco pudientes, rodeados de sueños y acostumbrados a labrarse el futuro inmediato con las manos. El tiempo los cincelaría sin compasión, y los hizo arrogantes y por ello sumamente peligrosos y respetados tanto en el éxito como en el fracaso, porque más que en el primero, sus efigies se tallaron en los segundos, o mejor dicho, en el modo en que los asumieron.

Un tipo cojonudo


No os alarméis, no vengo a meterme con nadie que no me haya metido antes, y todo a cuenta de que entre mis múltiples facetas desempeño la de editor en una pequeña editorial de Juegos de Rol que editó hace dos años un manual titulado ¡Gañanes!, entre cuyos Atributos para jugar se encuentra precisamente «Cojones», algo que sirve al jugador para que su Personaje haga las cosas por testículos, a las bravas, vamos.

Supongo que la explicación que os acabo de dar no os habrá servido de mucho, así que copio literalmente lo que nos dice al respecto el autor de nuestro manual: «Esta Característica no tiene Habilidades porque nos da la medida de varios factores de un PJ: su fuerza de voluntad, su valentía, su capacidad de superación frente a la adversidad… [...] Tiene la particularidad de que no posee Habilidades específicas porque cualquiera de las que hemos visto puede depender de ella, la diferencia está en cómo se emplea. Alguien que tenga Idioma como dependiente de Entendederas, por ejemplo, dominaría el inglés porque lo ha estudiao. Ahora bien, si la usara como una Habilidad de Cojones, se haría entender a base de buscarse la vida. Lo haría porque lo tiene que hacer y no queda otra… ¡Por cojones! [...] Siguiendo con esta lógica, Cojones es una Característica comodín.»

Unas palabras


Con la temporada vendida y equipos como McLaren o Ferrari pensando ya en otra cosa, y Mercedes AMG haciendo lo imposible para no aguar el festival de Bernie en pago por los favores recibidos, hay que ser muy gañán o algo peor, para no entender que entre «Es algo raro, a menos que todos quieran que les demos neumáticos a Red Bull para ayudarles a ganar el Mundial, que eso es lo que parece. Creo que está bastante claro. Solo hay un equipo que se beneficiaría de un cambio, y es Red Bull», palabras pronunciadas por Paul Hembery a mediados de mayo pasado, y lo que estamos disfrutando en la actualidad, sólo se puede tender una línea que guste o no, señala la evidente manipulación de una temporada que ya se iniciaba sosa de narices, pero que carrera a carrera ha ido alcanzando cotas cada vez más insufribles.

En este escenario, confieso que pensaba que Corea iba a ser un truño como han sido Bélgica, Italia y Singapur, pero para mi sorpresa, precisamente en mitad del erial he recobrado esta mañana la iluminación en la figura de Nico Hulkenberg, un tipo que ya me encandilaba en su etapa en Williams y que tras una sesión con más sombras que luces sobre Sauber, ha destacado sobre lo divino y lo humano en el patatal de Yeongam, un circuito que sobra desde el momento mismo en que fue inaugurado.

sábado, 5 de octubre de 2013

Vettel romperá en Yeongam


Está visto que hoy va de spoilers. Si hace unas horas conocíamos por boca de Paul Hembery que Sebastian Vettel va a ser el tetracampeón del mundo más joven de la historia de nuestro deporte, comparto ahora con vosotros que mañana, el de Heppenheim no terminará la carrera porque no conviene que lo haga.

Sí, no me he vuelto loco aunque ando pelín gandul a estas horas, de forma que por buscar alicientes he imaginado que por valija diplomática me ha llegado esta tarde, un sobre cerrado y lacrado con instrucciones precisas para que ayude a mejorar el espectáculo de aquí a Interlagos.

¡Huye, Paul, huye!


Advierto que en esta entrada hay spoiler, ya que a falta de seis carrerras para que termine la temporada, el sr. Paul Hembery nos ha revelado que el campeón va a ser Sebastian Vettel —¡perdón, a mí también se me ha escapado!—.

No ha sido así como así, ni siquiera en un tuit escrito a las tantas de la noche y con una copa de más encima cuando sabes que al día siguiente una operación de cirujía estética podrá mejorar tu físico pero no cambiará ni tanto así lo venenosa de tu alma, sino en soez contestación a las palabras de Fernando Alonso, quien ha cargado en Corea contra la elevada calidad de las gomas italianas que produce para la Fórmula 1 la empresa del ínclito.

viernes, 4 de octubre de 2013

Harri eta herri


Tengo a mis pies un proyecto de apenas tres meses de existencia que duerme sabiendo que estoy a su lado. Llegó a mis manos como regalo de cumpleaños cuando tan sólo había cumplido uno y hoy, Eileen y yo sabemos que no nos debemos una, sino todo lo que venga por delante, que ella ha despositado en mí toda su confianza y su vida, y que yo pondré pie a tierra las veces que haga falta con el sable en la mano para defenderla y defendernos. Confía ciegamente en quien te está escribiendo, Fernando, y yo confío con los ojos cerrados en que cuando toque, ella ladrará al peligro y lo ahuyentará de mi horizonte cercano para que ambos nos sepamos seguros aunque los malos sean más en número y acaben pasándonos por encima.

No te lo dije en su momento pero te lo digo ahora. En una madrugada de hace dos meses y medio, mi compañera más leal, Marnie, decía basta. Su corazón de 13 años renunciaba a seguir latiendo, agotado. Al filo de la madrugada de aquel 17 de julio, la esperanza que habíamos depositado en su recuperación se hacía añicos. Todo parecía perdido. Todo saltaba por los aires y yo buscaba con su cuerpo todavía tibio un lugar quién sabe para qué... La enterré con mis propias manos al día siguiente, con la ayuda de mi hijo...

Love, love, love...


Últimamente se está extendiendo la especie de que los que nos quejamos de tanto mamoneo como hay suelto en nuestro amado deporte (me incluyo porque quedaría feo irme de rositas en esto), deberíamos dejar de ver Fórmula 1 y va a ser que no, como diría aquél, primero de todo porque desde la humilde labor desarrollada en este mi pequeño púlpito desde hace algo más de 6 años, me arrogo el derecho a criticar aquellos aspectos de la competición que no me gustan un pelo; y segundo, porque me considero aficionado y como tal, me siento profundamente defraudado con lo que me están dando como espectáculo y aspiro con mis quejas, a que quien deba tomar nota para cambiar el actual estado de cosas, acuse al menos recibo.

Tampoco me vale la excusa de que esto siempre ha sido así y por tanto hay que tomarlo o dejarlo sin que quepan infinidad de matices, toda vez que desde 2009 se suponía que ya no iba a ser así, vamos, que la FIA, con el nuevo reglamento, pretendía erradicar las sombras que han señalado nuestra gloriosa actividad como tradicionalmente abonada a las trampas desde tiempo inmemorial. Así que tengo que reiterar que me quejo y que seguiré quejándome al menos hasta que cuelgue los hábitos, ya que como pasa en otros órdenes de la vida que no me agradan, prefiero ser crítico a connivente o colaborador necesario.

jueves, 3 de octubre de 2013

Ni una gota más


Años ha, cuando la FOTA, esa cosa que sirve para presionar un poco, hizo que lanzaba un órdago a la FIA y a Bernie Ecclestone, juré por mis muertos que era un farol de lo malos y acerté de pleno, porque en la vida marcas la línea que nadie puede sobrepasar, o estás jugando a ser matón cuando eres un vulgar robabocadillos de patio.

La FOTA, repito, esa cosa que sirve de excusa a los tejemanejes de la FIA y el anciano de los cogieron, hace siglos que se ha devaluado precisamente por gastarse en fingir guerras inútiles en las cuales siempre ha contemplado la posibilidad de rendirse porque mal que queramos verlo, forma parte del tinglado y es parte alícuota de lo que en él se cuece.

martes, 1 de octubre de 2013

Inception


Disculpadme por este intervalo de tiempo en que me he ido literalmente a otra parte por algo de cansancio físico, por una pizca más de obligaciones, y por un mucho de necesidad de cambiar de aires.

En estos días he visto la Fórmula 1 de lejos pero he continuado rozándola, una manera como otra cualquiera de tomar un poco de distancia con una temporada que se me atragantó desde el minuto 1, cuando Paul Hembery cargó sus exclusivas responsabilidades sobre dos circuitos, Jerez y Montmeló, que según su contrastada sabiduría deberían ser erradicados del campo de batalla a más tardar en la sesión próxima, ya que no ofrecían las condiciones idóneas para que sus productos demostraran sus inigualables características.