El problema de las Sprint es que son mediocres, así, por norma general, y aquí no cuenta que la cortita de Interlagos suela resultar bastante entretenida porque, a lo peor, la brasileña es la excepción que confirma la regla.
Hay demasiadas cosas que preservar como para que monoplazas y pilotos jueguen a darlo todo, como se presupone de una carrera de este tipo, y, de esta forma, George se ha dado un bonito paseo desde la pole que obtuvo ayer hasta el banderazo que le ha recibido hoy en meta, convirtiendo el resto de acaecidos en un adobo de generalidades que no han aportado absolutamente nada durante las 23 vueltas que ha durado el asunto, espacio en el que, la retransmisión, se ha masturbado de lo lindo abusando de los planos guerracivilistas en que se veía a Toto Wolff sudando la gota gorda por la integridad de sus pilotos, un decir.









