martes, 11 de junio de 2013

El 2 a 72 ppi


Lo que más odio de las victorias de Sebastian son las inevitables referencias posteriores al vapuleo que le ha metido a su compañero. ¿Qué se espera de Mark, que dispute al niñato de Helmut alguna migaja, que rebañe las sobras del plato, que asuma per secula seculorum que jamás será beneficiado ni por la Multi 21 ni por la Multi 32…?

El aussie forma parte imprescindible del atrezzo del tricampeón del mundo como la chistera sirve a un mago o a un ventrílocuo. Si no fuera así, Milton Keynes, por tres años consecutivos campeona del mundo en pilotos y constructores, habría sustituido al australiano por un piloto al alza. Sergio Pérez, el mismo Hamilton, Nico Rosberg si nos ponemos. Dólares no faltan en la gruta del ogro, así que no resulta digerible que el modelo a seguir continúe empeñada en mantener a Mark en nómina a pesar de que como decía al principio, cada vez que triunfa el de Hepennheim, sale Webber a la palestra en plan comparativo.

lunes, 10 de junio de 2013

Stupid white men... [Montreal]


No os molestéis demasiado en buscar la pista musical que llevo puesta en la oreja ahora mismo. Es rara y pertenece a la película Dead Man, y la he elegido precisamente porque ayer falleció un comisario anónimo en el circuito Gilles Villeneuve, a quien me habría gustado dedicarle estas líneas, circunstancia que no puede ser porque la FIA no ha revelado su sombre. Y lo malo es que sospecho, lo confieso, para qué negarlo, que la Federación no ha desvelado un asunto tan crucial como llamar a un ser humano como le llamaban en casa, o como se referían a él sus vecinos y amigos, no porque quiera mantener un forzado respeto, sino porque sencillamente no lo sabe.

Un papel que se pierde, una tontería de ésas que pasan, y un tipo que se llamaba Andy, por ejemplo, pasa a llamarse John Doe y a cubrir a renglón seguido una gélida casilla en el apartado correspondiente de la estadística de fatales accidentes inevitables que salpimentan todo esto...

sábado, 8 de junio de 2013

Si es de venir, ¡vendrá!


Por suerte no vivo la Fórmula 1 las 24 horas del día sino que la bebo a poquitos, sabiendo que hay sorbos que saben a lo que saben y otros, que literalmente te empapan de gloria.

Hoy ha sido un día de esos en los que me lo he pasado como el castor de arriba, que aunque parece algo enfurruñado, en realidad está extrañado de que a Nira le montaran un pifostio por andar en sandalias por el paddock y hoy hayamos podido contemplar con nuestros propios ojos, lo modelnas y seguras que deja la FIA que vayan algunas comisarias canadienses, con rastas amarillas y un gorrillo de hacer ¡búh! a los chiquillos en los cumpleaños. 

viernes, 7 de junio de 2013

¡Llueve, Charlie, llueve...!


Iba a meterme a la cama pero he recordado que a los días duros hay que darles una patada en salva sea la parte antes de conciliar el sueño, así que al menos voy a intentarlo.

No lo es, pero hagamos como que la excusatio non petita con la que he abierto el fuego era un simple recordatorio a Charlie (Whiting) para que avise a Bernd de que este fin de semana seguro que tiene trabajo en el Gilles Villeneuve, no sea que por no estar avisado ocurra como en Mónaco, que el Safety Car tardó en salir prácticamente cuatro vueltas completas a la ratonera de Grace Kelly, lo que nos pone en que entre pitos y flautas, si hacemos caso a lo que nos dijo Pirelli en Sakhir, con la porquería que había desperdigada sobre el asfalto, habría dado tiempo suficiente como para dos parrillas y media al completo hubiesen destrozado sus neumáticos o hubieran acabado contra las protecciones, o que ocurriera cualquier otra cosa, peor sin duda, porque la escapatoria de Santa Devota estaba hecha un cisco.

Una página en blanco


Esto de que la Fórmula 1 haga las américas entre Mónaco y Silverstone tenía que tener sus cosas buenas, porque por primera vez en lo que llevamos de sesión, en esa manía que tiene nuestro planeta de girar hacia el oriente hemos tomado la delantera al calendario de Bernie. En fin, es viernes, los entrenamientos libres se celebrarán esta tarde y todavía hay tiempo para echar unas letras sobre una carrera que hay que coger con guantes, el Gran Premio de Canadá, ya que los neumáticos de Pirelli siguen estando señalados como gomas bomba, hasta el punto de que Paul Hembery, que por estas mismas fechas sabía el año pasado qué iba a ir bien en el neonato Austin, no se atreve a pronosticar ni tanto así qué tal responderán los compuestos de su empresa.

Comprendo al británico. El Gilles Villeneuve es un trazado exigente porque se va en él a toda leche, no como en el Principado. En fin, el caso es que la canadiense es una de las pruebas que menor feeling me produce. ¡Ni castores ni leches! a mí, Canadá me sabe a nieve, a frío y a ventiscas, y si estiro la cosa, a Wendigo mismamente, en todo caso a una cosa bien diferente a lo que nos da Montreal con su solecito primaveral. Pero aquí estamos y como decía el otro día, a la espera de que en el G.P. de Gran Bretaña Red Bull vuelva a sentirse cómoda (¡ejem!), nos toca sufrir otra carrera de esas en las que resulta complicadísimo hacer quinielas.

jueves, 6 de junio de 2013

¡Señoritas, al salón!


A pesar de que en apariencia resultaba absolutamente absurdo que la FIA hubiese iniciado una investigación sobre Ferrari a cuenta de las pruebas realizadas en abril con Pirelli, utilizando para ello un F150th Italia de 2011, la cosa tiene su miga porque a pesar de que en los circuitos la egregia institución no da una a derechas, en los despachos se mueve como pez en el agua.

Alta política, que dirían algunos, en todo caso, la aparente sandez de meter a la de Maranello en el mismo saco que la de Brackley, bien mirado podría resultar una maniobra encaminada a colocar a Mercedes AMG ante el cadalso de cartón piedra sin que nadie pueda cuestionar nada.

miércoles, 5 de junio de 2013

En casa del pobre...


Lamentablemente, salvo que te dediques a la política o te apellides Rosell, los cambios de tendencia se observan a lo largo del tiempo y no en cuanto parece que asoman las orejas, y en caso de anunciarlos siempre cabe acogerse a sagrado, no ocurra que sean tan sólo un guiño malicioso de la coño estadística.

Algo de esto le lleva ocurriendo a Williams desde hace demasiadas temporadas. Siempre parece que va a resucitar a comienzos de sesión y siempre acaba por los suelos cuando ésta termina. Unas veces ha sido por los pilotos que han conducido sus coches, otras por la motorización elegida o por el dinero que venía, incluso la de Grove ha disfrutado de un supuesto cambio de tendencia haciendo juegos malabares con el piloto, el motor y las pelas (¿os acordáis de un Senna que no era Ayrton sobre un Williams-Renault?).

domingo, 2 de junio de 2013

Bad company


Sobre piso mojado, son las reglas que te has impuesto las que te sujetan al suelo, las únicas que valen. Empieza a echarse la noche sobre Gorliz y dibujo mis futuros asequibles en el silencio del estudio, como quien bucea en el horizonte de eventos de un agujero negro. Todo por perder, de nuevo, otra vez, una más. Todo por ganar, con un universo nuevo como premio, a cambio de alcanzar a dar con la punta del dedo en la tecla secreta que da la vuelta al calcetín.

Los fines de semana tomaban hace nada nuestro pulso, ahora, empero, parece que se limitan a mantenernos con vida. Hubo un tiempo no muy lejano, recuerdo, en el cual los findes eran aprovechados por los de la parrilla para pasar a limpio lo que no habíamos dicho los otros días, pero el cronómetro corre para todos por igual y hoy por hoy, como digo, jalonan nuestra capacidad de renuncia, nuestro cansancio, como esas Q2 o Q3 que se disputan reservando gomas para el domingo. Nadie entona el cagon tó me cago mítico, nadie trollea por meter el dedo en aquel sitio, ni siquiera asoma Martín para susurrarme por radio que la trazada ha sido buena... A cambio, Miguel me tira de las orejas para decirme que en otras ocasiones habría sacado el AK-47, pero ¿a quién disparas si todo el pescado está vendido?

La soledad del poeta


Con Mónaco desvaneciéndose lentamente a mi espalda, con Canadá asomando las orejas en el horizonte, empapado todavía por el barullo montado a cuenta de quién y quién no hizo pruebas ilegales, amorales, antideportivas, oportunistas o sagaces, aprovechando la mano abierta tendida por Pirelli en aras de resolver sus propios problemas que a la postre son los de toda la parrilla, nos metemos como quien dice en verano y en poco, o en nada según lo miremos, nos situamos ante esa obra maestra del mundo del motor que responde al apelativo de 24 Horas de Le Mans, epopeya que podría haber firmado el propio Homero.

Vehículos dispuestos a dejarse lo que no tienen sobre el asfalto con tal de aguantar lo que les echen. Pilotos que sudarán tinta o sangre por llevar sus máquinas a la línea de meta, cuidando mecánica y neumáticos siempre para ser más veloces que sus rivales, apretando ahora para descolgarlos, yendo ahora al filo para que revienten en un todo vale en el que lo único que cuenta, es llevar el cacharro entero a la bandera de cuadros y a poder ser en primer lugar...

2012 bis


En unos días nos plantamos en el circuito Gilles Villeneuve de Canadá para representar el séptimo acto de esta temporada cargadita de anomalías kafkianas. Ya lo he comentado alguna otra vez, ésta sesión está viniendo a resultar un tanto excesiva, pero por un lado, cabe decir que no quedará en la historia de nuestro deporte como la única empañada por el ir y venir a los despachos y el consiguiente y abundante ruido de fondo originado, y por otro, que tampoco deberíamos llevarnos las manos a la cabeza porque está respondiendo milimétricamente a una pésima planificación que no ha contemplado en ningún momento, que la importancia de los cambios que sufrirá El Circo el año que viene y los problemas económicos derivados de la crisis, iban a pasar factura como lo están haciendo.

En este orden de cosas, la elongación por parte de las escuderías del planteamiento técnico que sirvió durante 2012, nos está permitiendo ver prácticamente los mismos vehículos que vimos el año pasado, con la particularidad de que este escenario replicante ha penalizado particularmente a los equipos que habían apostado por jugársela un poco, que han visto así cómo sus expectativas se han convertido en agua de borrajas porque como se dice vulgarmente: no estaba el horno para muchos bollos.