Liberty Media y FIA andan viendo cómo limitan daños. A Stefano Domenicali le ha puesto los puntos sobre las íes nada menos que todo un Nigel Mansell, [Mansell critica los «adelantamientos falsos» en F1 y dispara contra Domenicali], aunque ya tenemos a los reservistas del apparatchik recordando las ayuditas que gozó el Williams del británico en 1992, en un remedo moderno de lo que ha sido siempre tumbar a un tipo molesto recordando los pecados de su escudería, como si a Lewis Hamilton se le pudieran afear sus logros y récords señalando el excesivo (y lesivo) dominio político de don Torger Christian Wolff, aka Toto, de 2014 a esta parte... ¡Ay, no. De esto es mejor no hablar!
Vamos a Miami, ese lugar que la propietaria de los derechos de explotación de la F1 ha decidido que nos conviene visitar, como si fuésemos lelos y no entendiéramos que las sequías prolongadas no son buenas para el negocio, y aceptáramos, de paso, y de buena gana, que mejor tragar un truño de carrera que prolongar la agonía de este inicio de 2026.
Lo dejé escrito: hasta Canadá si te he visto no me acuerdo, y allá que vamos, metiendo Miami como impass porque no hay nada más que ofrecer hasta que llegue el séptimo de caballería en Montreal y nos rescate, o no, del tedio en que nos ha sumido el Reglamento Deportivo de esta temporada, y es que contentar a Cletus, que entre fecundar un hijo y preparar al siguiente, consume NASCAR e IndyCar y quién sabe si F1, conlleva algunas gabelas que cualquier idiota entiende.
Ayer, en el último Stop&Go que hemos grabado, aposté por una victoria de la rossa en Florida, total, qué más da si de lo que se trata es de mantener viva una farándula que huele a muerta.
Os leo.

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