jueves, 23 de abril de 2026

¡Pobrecito Satanás!


Hace unas jornadas me sacaban tarjeta roja por mi metáfora sobre las duchas y el jabón, y también por abusar en el blog (sic) del término mamporrero [Lo que nos faltaba].

Entiendo ambas quejas, al fin y al cabo, la primera cuestiona una forma adulta de ver la vida que queda muy a desmano de las nuevas generaciones. La otra resulta más grave, ya que supone no tener ni idea de para qué sirven las diferentes acepciones que propone el Dicionario de la Real Academia de la Lengua Española —cada uno de los significados que tiene una palabra o frase, según el contexto en el que aparece—, y, en este sentido, mamporrero, en su segunda acepción, no tiene nada que ver con su significado literal como persona encargada de dirigir el miembro del caballo en el acto de la cópula con la yegua, y sí con la persona que amaña o engaña en algo en beneficio de otra.

Hace años, bastantes, en un día como hoy, un astuto y bregado gurú olvidó que el respetito que solicita para sí en redes también se lo debe a otros. El caso es que, en un momento de nuestra conversación puse la palabra «amigo» delante de su nombre —sexta acepción: para dirigirse a una persona, aunque no se conozca o no haya relación de amistad—, y la cosa acabó como el Rosario de la Aurora. Bloqueo por tocapelotas, totalmente merecido, y bloqueo en legítima defensa por mi parte porque hay atorrantes menos pesados que el aludido.

Obviamente hay que tener mucho cuidado usando las acepciones, sobre todo si tu interlocutor, o lector, no anda muy puesto en el idioma común...

En fin, se está defendiendo a Wolff muy por encima de las posibilidades que ofrece el personaje, un poco porque al amo siempre se le lame las botas, y otro poco por llevar la contraria, aunque, ahora mismo, el austriaco haga del pobrecito Satanás de Carmen Santonja con Vainica Doble. A su equipo le han pillado forzando la relación de combustión y superando los límites en clasificación, que sepamos, pero se ve que hay que defenderlo, incluso cuando no se le cae la cara de vergüenza afirmando que el régimen ADUO no fue creado para superar al mejor (Mercedes AMG) sino para acercarse...

El caso es que Toto no es tan listo como se cree, sólo sabe jugar con cartas marcadas. Tardaremos en conocer que impuso un diseño de unidad híbrida en el que seguramente Brackley llevaba años trabajando, como sucedió en 2014. En Miami ganará un Ferrari, pero, me temo, de Wolff y sus numerosos mamporreros tendremos que seguir encargándonos nosotros, la plebe, el pueblo llano.

Os leo.

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