Habida cuenta de que, a comienzos de mayo, la caja y la afición miamitarra a la F1 apenas notarán en el Gran Premio de Miami el cambiazo que ha supuesto la aplicación de la Normativa '26 con respecto a la de 2025 y años anteriores, of course!, digamos que tenemos hasta la cita en Montreal (a mes y medio vista) para que los equipos, la FIA y Liberty Media, sigan mareando la perdiz y deshojando la margarita de los cambios de Reglamento, y no os riáis, por favor, el asunto pinta chungo en cuanto a novedades relevantes [Futuro incierto].
El caso es que la chavalería anda levantisca y ha comenzado a disparar a los pianistas y mata moscas a cañonazos, y también hay que prepararse para esto porque una cosa y otra no van tan separadas como podría parecer...
En fin, Nürbu sigue en ruta incluso en abril, ¡éste frío abril!, y hoy quiero hablaros de la iniciativa de Juan Carlos García Gómez [Juanki], El Disfraz de Polifemo, a la que fui invitado a participar gracias a la generosa intermediación de Héctor Alonso, nuestro Aficionando de ahora y siempre.
Una sencilla conversación por teléfono bastó para sancionar que mi anfitrión y quien os escribe manteníamos algo más que sintonía. Apalabramos mi intervención, confeccionamos un boceto de escaleta y, bajo su ágil batuta, grabábamos a finales de marzo el episodio que ha sido publicado este pasado martes:
Dinero, tecnología y poder. La cara oculta de la F1. Dos horas, seis minutos y dieciséis segundos, metraje que, a pesar de las risas iniciales que provocó, ha sido disfrutado por Álex sin tener que acercarse al Estrecho de Ormuz. Tiempo suficiente para que, en mis meteduras de pata habituales, hablando de Adrian Newey encalomara a su FW18 de Williams todos las deficiencias del MP4/18 que diseñó años más tarde para McLaren [La sombra del MP4/18].
Como de costumbre, la totalidad de los pecados que percibáis van de mi cuenta, y a Juan Carlos sólo me queda darle mis infinitas gracias por la oportunidad de hacer llegar a los aficionados a la F1 una lectura de la actividad quizás no demasiado ortodoxa, pero que muchas veces aclara mejor en qué mundo nos movemos que aquello que nos cuentan la prensa y los especialistas del ramo.
Os leo.

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