Volvemos a encontrarnos con Giorgio Terruzzi, a quien ya tuvimos aquí en [La última noche de Ayrton Senna], aunque ya voy avisando que esta vez la reseña saldrá más dulce porque la Mille Miglia y Alberto Ascari me pillan bastante más lejos que el paulista...
Sea como fuere, el periodista y autor italiano incide en parecidos vicios que en la obra citada, aunque, en este caso, hay que comentar que se diluyen bastante mejor en la dramatización literaria de la vigésimo primera edición de la prueba, la única ganada por Ascari, y que se justifica esta vez en el interés por aportar un ambiente emotivo que podría servir para preludiar, de alguna manera, el posterior fallecimiento del piloto en el Autodromo Nazionale di Monza un año y un puñado de meses después. Pero no adelantemos acontecimientos.
1954. El rapidísimo y querido piloto milanés ha abandonado Ferrari tras haber conquistado sus dos coronas mundiales F1 y ha vuelto a su casa, Lancia, para, sobre un D24 de fábrica, enfrentarse a la Mille Miglia en una carrera endiablada donde la meteorología, el estado del piso y los avatares que sufren sus contrincantes, sacuden cada uno de sus cimientos como conductor, fiesta a la que, para colmo de males, se añaden sin ser invitadas una serie de averías mecánicas que complican su empeño en ganar, más que por él, por facilitar el triunfo de la turinesa sobre la de Módena y por homenajear a Tazio Nuvolari.
El caso es que Ascari vence, y es aquí que, a partir de estos sencillos mimbres, Terruzzi compone un retablo en el que la forma novelada de escribir supone una destacable aliada.
No voy a destripar la obra, descuidad. Si en el trabajo sobre Senna propinaba algunos alegres capones al firmante del texto, en este caso me veo en la obligación de aplaudir el despliegue de recursos del que hace gala en la ambientación y las descripciones, en la finura de algunas interpretaciones, y, por supuesto, en el engarce de recuerdos y anécdotas personales que hacen del Alberto Ascari del texto un personaje bastante creíble.
El título completo es Fondocorsa. Subtitulado Mille Miglia 1954. L'oro nero di Alberto Ascari (Editorial Rizzoli, 2022), pero no seamos tan sosos de ir a su literalidad —Fondocorsa significa «tocando fondo», pero tal y como aparece escrito en la cubierta: Fondo Corsa, viene a decir «trasfondo de carrera». De la misma manera, L'oro nero significa tanto «petróleo» como «algo codiciado o precioso»... ¡Bien por Terruzzi!
No lo reseñaría ni no me hubiese convencido, pero lo hizo, y ahí os va la recomendación por si os encaja hacerme caso y os animáis a darle una oportunidad.
Os leo.

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