viernes, 6 de febrero de 2026

Gato que caza ratones


A finales de la década de los cuarenta del siglo pasado, Jaguar planificó la creación de un purasangre enfocado a las carreras de Resistencia y, obviamente, a satisfacer las aspiraciones de su exquisita clientela.

Entre 1951 y 1953 se acabaron produciendo tan sólo 54 unidades del nuevo vehículo de la casa de Coventry, aunque su jubilación no vino motivada por la falta de éxito sino por la aparición en 1954 del más elaborado D-Type

Pero no adelantemos acontecimientos y centrémonos en nuestro protagonista de hoy, un deportivo que, a partir de la experiencia del XK 120 —el elegante biplaza se vendió de manera ininterrumpida desde 1948 hasta 1961—, recibió inicialmente la denominación XK 120-C, para acabar llamándose C-Type, un nombre íntimamente ligado a la historia de las 24 Horas de Le Mans pues venció en la edición de su bautismo de fuego [Vuelve Jaguar, 1951 (#24LeMans 19)] y volvió a hacerlo dos años después [British cats, 1953 (#24LeMans 21)], incorporando esta vez una novedad técnica que revolucionaría el mundo del motorsport desde su aparición: los frenos de disco.

Así las cosas, el Jaguar C-Type gozó de dos versiones, una más sencillita para fardar, pasear o ir a tomar el vermú, y otra musculada que llegó a arrojar unos 220 caballos de potencia gracias a la performance a la que se sometió al motor de 3.5 litros de serie, así como al aligeramiento del chasis y la elegante carrocería de aluminio.

Tiempo tendremos para traer aquí a los gatos vencedores de Le Mans, pero esta noche nos contentaremos con la versión de calle, de únicamente 180 caballos de la época, cuya realización a escala fue realizada por el fabricante italiano Brumm.

Como anécdota, decir que he fotografiado el modelo sobre la cubierta del libro autobiográfico escrito por Duncan Hamilton, donde el inglés, entre relatos de su vida civil y como conductor de carreras, nos confiesa que él y su compañero Tony Rolt, iniciaron en 1953 la prueba más dura que existe, nada menos que intentando superar una resaca antológica, lo que no impidió que ese mismo domingo cruzaran primeros la meta, gracias a su arrojo y pericia, claro, y también al inestimable concurso del equipo bajo la dirección de Mort Morris-Goodall [«Jubilee» (#BlueTrain/115)].

Os leo.

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