sábado, 21 de febrero de 2026

Sin perdón


Sólo ambos sabemos qué celebramos mientras entrechocamos nuestros vasos de peltre con un par de dedos de ron como única ración, y, arriba, la cubierta es batida por los más bravos vientos océanos y las olas enfurecidas del mar.

Llámame idiota, pero con tu presencia a mi lado me siento bastante mejor. Tanto temías este momento que esta tarde casi salgo a correr por Ixasbide tapado con el tanga de leopardo que llevaba Flavio en la piscina, para anunciar que seguimos, que Nürbu sigue, fundamentalmente porque te cruzaste en mi vida y hay quien todavía no entiende que un monoplaza es un todo indivisible y no un modelo por piezas de Lego.

¡Chócala esa, Pitufo!, que tengo que cubrir guardia al timón...

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