jueves, 29 de marzo de 2018

Lucky green


El British Green Racing, también conocido como Shamrock Green o Irish Green, es uno de los colores más característicos de la competición automovilística porque ha sido el distintivo de los coches de carrera británicos casi desde siempre. Obviamente, su historia no podía quedar ajena a las controversias ni a las leyendas más o menos edulcoradas.

La más extendida de ellas alude al supuesto homenaje que hacen a Irlanda los corredores ingleses de la Copa Gordon Bennett de 1903, por ser éste el país que los acoge y permite la celebración de la prueba, ya que en Inglaterra estaban prohibidas las carreras por carretera...

Bien, es una narración que tiene mucho gancho pero las cosas no fueron exactamente como nos las cuentan, o mejor dicho: como se sugiere cuando nos las cuentan, ya que Irlanda no es un país independiente en esas fechas. Forma parte del Reino Unido de entonces (United Kingdom of Great Britain and Ireland), y tampoco os enredéis con esto porque la denominación actual del Reino Unido después de la independencia de Irlanda es exactamente United Kingdom of Great Britain and Northern Ireland.

Así las cosas, por muy chula y repetida que sea la línea irlandesa del origen del color British Green Racing, peca de algunos errores de bulto. El primero de ellos consiste en que los ingleses no tuvieron que exiliarse a ninguna parte ni fueron acogidos por nadie porque la Gordon Bennett de 1903 se celebra en el Reino Unido, prácticamente en casa; y el segundo, seguramente más importante para lo que nos traemos entre manos esta tarde, porque la Copa se disputa en las islas británicas debido a que 1902 se ha ganado en Francia precisamente con un coche inglés pintado de verde.

Esta variante es reivindicada en el libro «Napier, The First to Wear the Green» de David Venable y tiene visos de ser más fiable que la anterior, siendo la que más me convence, sea dicho de paso, aunque como en el caso que hemos mencionado, también adolece de algunos excesos narrativos, comprensibles, desde luego. Sea como fuere, D. Napier & Son podría haber adoptado el color verde en sus vehículos de competición simplemente porque éste era el usado para pintar las máquinas de vapor que producía la empresa antes de meterse a hacer automóviles, y obviamente, la distinguían ya de la competencia. 

Los primeros Napier Double Phaeton de 8 cv. del año 1900 también iban vestidos de verde, seguramente con la intención de ofrecer una imagen más alegre y atractiva frente a la sobriedad imperante entre los fabricantes de automóviles de la época. Pero casualidades o no, cuestiones de mercado o no, lo cierto es que Selwin Edge, comercial de la casa londinense, vence en la Gordon Bennett de 1902 conduciendo un Napier verde oliva.

Y el caso es que James Gordon Bennett Jr. decide crear en 1900 una copa de automovilismo que llevará su nombre, y entre las reglas propone que cada nación participante sólo podrá inscribir tres coches. No queda muy claro cuándo se aplica la idea de que cada una de ellas llevará un mismo color que la distinga en carrera ante los aficionados, aunque para 1903 se considera ya que Francia defiende el azul claro, Alemania el blanco, Bélgica el amarillo e Italia el rojo...

La teoría que menos consistencia tiene es la que apunta a la elección del verde como Racing National Color porque los que integran la bandera británica ya estaban pillados. Eso sí, lo que no se puede negar es que el green tuvo suerte en aquella tómbola difusa, porque terminaría venciendo en la primera edición del Grand Prix de Mónaco [W. Williams], en Le Mans, y sería paseado por todo el mundo por un escocés del Reino Unido cuyo nombre era Jim Clark, Flying Jim; entre otros, claro.

Así os lo cuento, y luego os leo.

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