sábado, 31 de marzo de 2018

La muy honorable sociedad


No, no voy a echar el ratito escribiendo sobre la Mafia, si no, más bien, sobre unos tiempos en los que a falta de velociraptors y depredadores natos sobre la pista, o gente que hacía lo que tenía que hacer, los pilotos se portaban como lobos que buscaban el amparo de la manada cuando apretaba el invierno, y regalaban gestos para el recuerdo porque ante todo se respetaban como iguales y luego venía lo demás.

Este sentido de pertenencia se ha perdido por completo, pero no importa, esta noche vamos a recordar cómo dos enemigos que se jugaban el Mundial de 1958 protagonizaron uno de esos gestos que no parece comprender nadie en la actualidad, porque, en el fondo, tampoco se entiende lo que significa realmente la palabra egoísmo, y lo que conlleva.

Por descontado que Stirling Moss era profundamente egoísta —en la foto de entradilla posa como un chaval junto al siempre elegante Maserati 250F, aunque en el texto debemos imaginarlo conduciendo un Vanwall VW5—, y también lo era Mike Hawthorn sobre su Ferrari D246...

Creo que podemos coincidir en que si no fuesen egoístas no se jugarían el pellejo buscando la fama y la gloria mientras daban rienda suelta a su común pasión por correr. En fin, como citaba antes, en 1958 ambos se jugaban a cara de perro el Mundial de Pilotos, y en esto llegaron al trazado de Estoril donde se iba a disputar el Gran Premio de Portugal con el de Mexborough liderando el campeonato por seis puntos de ventaja sobre el de West Kensington.

Aunque Moss perdió la primera posición ante el de Ferrari sin finalizar la segunda vuelta, la recuperó apenas seis giros después para a partir de ese instante mostrarse implacable, hasta el punto de que iniciada la última cuerda había doblado a todos sus rivales salvo a Hawthorn, que a puntito estaba de caer también en sus redes. 

Y entonces sucede una de esas cosas que ocurren en las carreras: Mike trompea y cala su monoplaza. Moss podía bajar incluso la velocidad porque al cruzar la meta le habría metido a su rival dos puntos de descuento (el ganador obtenía ocho y el segundo seis). 

Mejor aún. Con un poco de suerte, si Lewis-Evans y Behra, o los dos, recuperaban posición con el de Maranello, el boleto a una mayor comodidad en los Grandes Premios de Italia y Marruecos podía salirle prácticamente gratis. Stirling tenía todas las de ganar, es egoísta y lo sabe, pero aminora la marcha para indicar a Mike que está en dirección contraria y que debido a la leve pendiente no logrará mover su coche salvo que aproveche el desnivel.

Hawthorn pone punto muerto, deja deslizar hacia atrás su D246 mientras gira el volante y ya en correcta línea de marcha, tras unos metros consigue arrancarlo de nuevo. Cruza la meta como segundo pero se encuentra con que los comisarios pretenden descalificarlo por haber circulado en sentido contrario. 

Moss, tiene el campeonato en la mano. Si su principal oponente es descalificado saldrá de Portugal con la ventaja del de La Scuderia totalmente recortada y dos puntos extra en el bolsillo. Es egoísta y no ha perdido de vista esta posibilidad, pero pide declarar en favor de Mike porque él ha sido testigo principal, y termina convenciendo a las autoridades de que Hawthorn ha realizado su maniobra en el arcén y no sobre la pista...

Mike Hawthorn vencerá en el Mundial de 1958. Moss será recordado como el eterno campeón sin corona.

Pero hay gestos, y en aquel entonces que hemos estado relatando en estas líneas, existía una muy honorable sociedad de pilotos a la que gustaba pertenecer cuando apretaba el invierno, porque primero eran sus integrantes y luego venía todo lo demás: el patrón, la marca, los puntos, el dinero, los títulos. Eran egoístas, cómplices, amigos, no todos, claro, pero tenían un marcado sentido de pertenencia que por desgracia hoy ya es pasado.

Os leo.

2 comentarios:

Adri Roldan dijo...

Desconocía el relato, pero ahora entiendo ese apodo del "campeón sin corona". Sin duda, gesto honorable que en la actualidad sería inimaginable, pues sacrificó el título por principios.
Gracias por darme a conocer esta emotiva historia, Adrià R.M.

metroSetenta dijo...

El coprotagonista de la historia, Hawthorn, era muy amigo de Peter Collins. Este otro piloto fue quien le dijo a Fangio, que desesperado contemplaba como perdía el que fuera su último mundial, algo así como "cójalo usted maestro, que ya tendré yo más oportunidades", y le cedía su Ferrari. Peter Collins optaba también a ese mundial, que ganó Fangio gracias a este gesto. En aquella época estaba permitido tomar el bólido de otro participante, y Fangio se benefició de ello para conseguir su amplio palmarés. Cuentan que Stirling Moss habría conseguido muchos mundiales de beneficiarse de esta norma, que sería poco después eliminada.

También se cuenta que Collins y Hawthorn, que se repartían los premios, hacían la vida imposible a Musso, que arriesgó en demasía para ganar un gran premio, cuya cuantía para el ganador necesitaba desesperadamente (deudas de juego, cuentan también).

Existen historias maravillosas en este deporte.