Consumir pensamiento formulístico anglosajón en el idioma que sea —pedid disculpas de mi parte a vuestras neuronas por lo que acabo de escribir—, tarde o temprano acaba produciendo flatulencias, y hete aquí que Hamilton, que otrora peleaba contra un coche muy superior al suyo, se ha sacado de la manga en Losail 4'55 décimas del cajón de los milagros.
Hay quien se pregunta qué coño ha sucedido y quien sigue erre que erre repitiendo como un papagayo el discurso oficial, pero los datos son los datos, y no es necesario ser muy inteligente para comprender que en Sao Paulo y Catar —el motor del inglés no era el de Interlagos en la clasificación catarí—, ha sucedido algo más que una recuperación mecánica o un repunte en la excelencia conductora del astro británico. En Fórmula 1 no suele haber sitio para magia de este tipo, pero, en fin, dejemos de hacernos preguntas, demos todo por amortizado, y disfrutemos del espectáculo, sobre todo esto último.
Os leo.









