A Palou se le daban mal los óvalos hasta que empezaron a dársele bien, incluido el de Indianápolis, y, bueno, el título de la entrada de hoy va medio en broma pero también medio en serio, ya que, a la vista está en base a los últimos acontecimientos, esto del deporte es apasionamiento y pureza hasta que alguien siente que le han pisado el pie y se pone hecho un coño basilisco.
En fin, hoy leccioncitas las justas, lo prometo. Acumulo bastante retraso en cuanto a tocar la actualidad del motorsport a pesar de que el último texto publicado es de anteayer, y debo ser humilde aunque hayamos grabado hace un ratito el último episodio de Stop & Go, y me he propuesto ser humilde y vaya que lo voy a ser...
Trasladado al lunes pasado por inclemencias meteorológicas que afectaron al circuito el domingo en Nashville, el Grand Prix de Nashville celebrado en el Nashville Superspeedway, óvalo de tres ángulos, cita con el bonito sobrenombre de Borchetta Bourbon Music City Grand Prix, nos deleitó permitiendo que nuestro compatriota se pusiera aún más líder en la NTT IndyCar Series tras conseguir su quinta victoria este año, que se escribe sencillito pero encierra mucho aquél.
El de Sant Antoni de Vilamajor partió cuarto pero supo consolidarse en el primer lugar tras una mitad de carrera marcada por la densidad de tráfico y los avatares consiguientes, para acabar viendo la ajedrezada como ganador tras aguantar a un Josef Newgarden especialmente feroz y voraz durante los últimos giros.
La cosa quedó así: el tipo por el que seguramente seremos odiados aunque haya visitado hace nada el Despacho Oval, se llevaba el gato al agua, seguido por el bicho malo que mencionaba en el párrafo anterior —a menos de un segundo cruzó la meta tras el español—, y por David Malukas, quien arrancando desde donde Brian perdió su sandalia —vigésimo quinto, para más señas—, supo alcanzar el tercer cajón del podio. Cuarto quedó Scott McLaughlin, y cerrando el Top Five, Felix Rosenqvist.
Os leo.

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