La cosa ha comenzado recordando el Gran Premio de Canadá 2008, cuando Lewis Hamilton se quitaba de encima a su principal oponente al título, Kimi Raikkonen, golpeando el Ferrari del finlandés al final del pitlane bajo semáforo en rojo.
¿Intencionalidad? ¡Toda, por Dios! Llevamos media vida en esto y en esa repetición on-board que nos ha hurtado la FOM durante la retransmisión para servirlo brevemente en la postguerra —el lance ha ocurrido en el primer giro—, se percibe perfectamente que Luigi gira de forma intuitiva los ruedines delanteros hacia el cuerpo del monoplaza de Russell, para corregir inmediatamente, supongo que por aquello de que se notase lo justito.
5 segundos de penalización me han sabido a poco, la verdad, básicamente porque sigo sin entender cómo a este hombre que destila inteligencia en cada cosa que hace sobre la pista, o eso dicen, la FIA siempre lo considera despistado, tonto de baba, o un alelado de tomo y lomo cuando toca meterlo en vereda. Toma el interior a más velocidad de la recomendable para sellar la posición y mantenerla buscando el apoyo en el rival para ganar la trayectoria, y con suerte se sale con la suya y apenas se nota —Stroll lo vio llegar hace no sé cuándo y en su intento de esquivar la emboscada, el canadiense la lío parda con los que circulaban por el exterior—, pero si la fortuna no sonríe... pues como en Gran Bretaña 2021 [Cerdo] u hoy mismo.
Con Michael Schumacher nunca nos vimos en una parecida. Bueno, un alto porcentaje de la estatura deportiva del alemán consistía en que se comportaba como un maldito cabrón cuando la ocasión lo requería, y tampoco digo más, que se me calienta la boca...
La FIA merecería un capítulo aparte en esta entrada pero hasta Hungría considero que tendremos tiempo de hablar de de los dos Virtual Safety Car y sus consecuencias manifiestamente pro Maranello, y de un Leclerc de nuevo sobresaliente, y del alerón del inane #44, y de Antonelli, quien cada carrera que pasa toma más y más conciencia de que conduce un cacharro imbatible; y de Colapinto, ¡faltaría!, porque, en su medida, hoy nos ha reconciliado con esa Fórmula 1 que nos gusta.
Os leo.

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