En apenas unos días, la temporada 2009 será pasto del recuerdo, y como tal quedará vista para sentencia según cómo quieran mirarla unos u otros ojos. En lo que a mí respecta, no puedo hacerlo con benevolencia porque ha sido (aún está siendo) más agria que anodina, y escribiendo ésto tomo conciencia de que ya llevo algunos años pidiéndole demasiado poco a la F1.
Tal vez porque los sucesos de este año sobre el que pasaremos página este próximo domingo han sido de todo menos deportivos y gratificantes, o porque la gripe A campa por sus anchas en casa, o porque con un dolor de cabeza que no se me quita lo veo todo turbio, el caso es que tengo la sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor y la ilusión de que cualquiera venidero tiene que ser por cojones mejor.









