Basta tirar de hemeroteca y revisar en pretérito determinados blogs para comprobar el alborozo que produjo en algunos la irrupción del DRS (Drag Reduction System), y cómo aquí mismo, por ejemplo, no tardamos lo que se dice nada en echarnos el rifle de tumbar elefantes a la cara.
El invento no nos convencía en absoluto. No nos gustaba eso de que un piloto tuviera que venderse a un atacante que gozaba de una ventaja tan descomunal como la que otorga el artificio del diablo. No nos parecía deportivo ni que favoreciera el espectáculo porque los adelantamientos en Fórmula 1 siempre han sido caros de conseguir, muy caros, y quizas por ello tan esencialmente hermosos.









