A pesar de lo que nos quieren vender, ser alemán en la vida no supone
un horizonte al que aspirar, y si no que se lo pregunten a nuestro más
reciente bicampeón del mundo, que anda tan alicaído y falto de mordiente
que no cambia tanto de yelmo como acostumbraba hace unos meses —o me
parece a mí que no cambia tanto de casco, que podría ser—, y que por no
atinar, no ha acertado este año ni con el nombre de pilingui que pone a
sus vehículos.
Reconozco que he tenido que recurrir a Wikipedia para enterarme de
cuál había elegido para el RB8, y ha sido leerlo y comprender
inmediatamente que Sebastian se está haciendo mayor en nuestros brazos,
razón por la cual intuyo que le ha pasado como a Sansón cuando le
raparon la melena, pues ha sido abandonar sus costumbres de adolescente
germano machote hecho y derecho, y empezar a dar trompicones sobre el
asfalto.









