Llevo tiempo mostrándome algo reventón y errático, lo sé. Fue ver
ganar a Fernando en Valencia y sentir que las campanas comenzaban a
tañir por mí, que mi tiempo aquí estaba tocando a su fin ahora que este blog
está a punto de cumplir sus cinco años de vida, de manera que tengo
que buscar fuerzas donde no las tengo para ponerme a escribir cuando
antes todo resultaba tan fácil, y total porque los adalides de la gomina
y los caminos fáciles nos lo han puesto tan difícil, que en vez de
casco de kevlar sobre la cabeza, toca ponerse las viejas orejeras de
cuero y tirar para adelante sin hacer caso a nada más, como los
soviéticos en la defensa de Stalingrado, cuando corrían bajo el zumbido
de las balas nazis sabiendo que detrás les esperaban las de los amigos
que no admitían rendiciones ni vueltas atrás.
Pero esto va de F1 y no voy a perder la oportunidad de ciscarme en el
mundo que nos rodea, porque yer tarde, en un Hochenheim al servicio de
las cámaras, capado en su bosque y en su épica, estaba cantado que el
DRS iba a servir de poco, que las Pirelli iban a queda en nada, porque
todo quisque ha empezado a comprender que están al servicio de un
espectáculo huero y estúpido que hace tiempo que ha vuelto la espalda a
sus raíces, y que por tanto navega hacia la nada más absoluta. En la que
estaba cantado, además, que los viejos modelos iban a naufragar frente a
la única idea fresca que nos ha dado este año…









