A los compañeros se les debe un respeto, pero el viernes llamaba Cavallino a Silvo en el blog de éste último y aquí estoy, dispuesto a lavar mis culpas intentando restañar el tonto agravio cometido sobre dos personas a las que aprecio y a las que suelo leer a hurtadillas en mis rondas nocturnas aunque no deje migas de mi paso.
Gracias a la generosidad de Silvo mi desliz ha pasado totalmente desapercibido, pero, y aquí viene lo bueno, el asunto no deja de ser un síntoma más de la vorágine en la que nos vemos envueltos en esto que llaman la red de redes. Y el caso es que él (Silvo), ella (Cavallino), y yo mismo, formamos parte de la misma locura, y creo sinceramente que lo llevamos bastante bien a pesar de que en lo que respecta a la F1 observemos lo que acontece en su interior desde perspectivas disparatadamente separadas en el tiempo.









