Si en Fórmula 1 resulta recomendable quitarse de encima el sonido de la retransmisión y escuchar sólo el de la prueba en sí, en IndyCar supone una contraindicación que no conviene saltarse, pues, sin los chicos de la Fox imprimiendo pulso y carácter a la carrera desde sus micrófonos, el espectáculo en pista pierde toneladas de emoción, sobre todo en lugares como el Phoenix Raceway.
El óvalo de tres ápices donde se celebró el Grand Prix of Phoenix es chiquitín, concretamente de 1 milla, lo que incide en la abultada carga de vueltas, 250 giros de vellón, y en que los caution y el tráfico se convierten en casi tan protagonistas como pilotos y máquinas.
Dicho esto, la segunda cita del NTT IndyCar Series comenzaba con David Malukas en cabeza tras haber conseguido la pole, obviamente, y con un incisivo Josef Newgarden mordiéndole las pantorrillas y mostrando que está listo para disputar de nuevo un título. Álex Palou partía desde una discreta décima posición, que apenas sirvió de mucho porque abandonaba tras un toque con Rinus Veekay sin haber completado el giro 19.
En fin, la carrera se convirtió en una sucesión de tiempos muertos, incidentes más o menos relevantes, y por supuesto destellos, al menos hasta que el hombre fuerte de Penske metió la directa y puso rumbo marcial hasta ver la ajedrezada.
La cosa concluyó con Newgarden, Kirkwood, Malukas en las primeras posiciones, y por este orden, y con O'Ward y Armstrong completado el Top Five.
Os leo.

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