jueves, 26 de marzo de 2026

Zagreb 02


El interés por el equipo de Silverstone se ha reducido bastante, lo que propone un goloso escenario de tranquilidad al menos hasta mayo, toda vez que abril nos ha sido robado como el que afanaron al hombre del traje gris en la letra de Joaquín Sabina.

Haciendo buena la primera estrofa de la canción: «En la posada del fracaso, donde no hay consuelo ni ascensor, el desamparo y la humedad comparten colchón...», y esto supone una intuición que os comparto, todo indica que la prensa ha dado a la de Stroll por parcialmente amortizada porque hay cosas más rentables de las que hablar, pero de momento, y recalco de momento porque lo mismo que el caso Wheatley [Culebrón] ha resultado pólvora mojada, como la verde comience a enseñar las orejas, a buen seguro se retomará el asedio con renovadas fuerzas.

El proyecto precisaba tiempo para afrontar y reconducir la difícil fase que está atravesando, y, mira tú por dónde, además de tiempo, goza ahora mismo de una menor presión por centímetro cuadrado que hace escasamente tres semanas, algo que, dicho sea en cristiano, significa que se hace más asequible alcanzar los objetivos con un mayor gradiente de acierto porque hay menos agentes externos dando por el culete, y disculpadme la expresión.

Bien es verdad que antes del obligado parón nos queda superar el Gran Premio de Japón que celebramos este fin de semana, prueba jodida donde las haya para las aspiraciones de Aston Martin y Honda, ya que Suzuka es de esos trazados que no perdonan ni en el apartado aerodinámico ni en el mecánico, propulsor híbrido incluido, lo que facilitará, si las cosas no salen bien encarriladas, que la prensa con menos luces vuelva a las andadas porque apenas hay de qué hablar, pero despreocuparos con esta posibilidad y haced oídos sordos a los agoreros, pues lo importante está sucediendo lejos de las pistas.

Desde luego sigue sin ser hora de lanzar las campanas al vuelo. Fijamos el verano como cita donde recalibrar todo lo que venimos diciendo, pero hoy el aire huele mejor que antes de Melburne y nuestra pretensión de disfrutar sigue intacta, al menos en Gorliz.

Os leo.

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