jueves, 19 de marzo de 2026

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Albergo sensaciones contradictorias, como si me hubiese despertado del éxtasis criogénico en una nave que no es la mía.

Leo las informaciones relativas a lo nuestro, por ejemplo, y, de manera palmaria y recurrente, entiendo cosas diferentes a las conclusiones que saca el plumilla de turno, sea compatriota o extranjero. Los equipos, los directores deportivos, los mandos, vaya, apuntan invariablemente a que va a pasar bastante tiempo hasta que las cosas encuentren su equilibrio, ya que incluso la Normativa '26 prevé en su literatura y espíritu que exista un periodo de ajuste entre plataformas híbridas, dotado de sus correspondientes regulaciones y protocolos, claro.

En definitiva, nos libramos de los pérfidos tokens de antaño aunque anda por ahí el ADUO (Additional Development and Upgrade Opportunities)...

Pero —siempre hay peros en este tipo de historias—, a la prensa especialista le pueden el apresuramiento y sus gabelas, y le ha dado por montarse en el tigre de la prisa sin saber muy bien si va a poder apearse, circunstancia que, a la postre, imagino que importa poco en términos periodísticos pues actualmente renta más la histeria que el sosiego.

A veces, así, en líneas generales, pienso que la peña no es capaz de satisfacer sus necesidades afectivas más básicas y llega a redes sociales cada mañana como si fuese a una guerra, armada hasta los dientes, iracunda, desnortada, importándole un carajo si lo que se argumenta hoy desde los medios desdice los argumentos del pasado o si el cuerpo de las noticias contradice mayoritariamente lo que aseguran los titulares. ¡Hala!, ¡a la bataille! ¡A consumir lo que nos echen!

El merequetén que tenemos montado es considerable, qué os voy a contar, y, desde luego, hay que admitir que no supone el escenario más idóneo para repetir que es pronto para suicidarse, un decir. 

Llevamos a cuestas tan sólo dos carreras de las veintidós propuestas, más la seis Sprint, y, a pesar de parecer contraindicado en estos instantes, me sigo inclinando por ejercer el noble arte de la paciencia y esperar a verano, eso sí, evitando previamente toda modalidad de ruido ambiental aunque el periodismo siga quejándose de que no recibe el pago justo a sus desvelos, porque asegura que se desvela, nos ha jodido mayo con las flores.

Os leo.

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