No es Navidad pero como si lo fuera, aunque, en vez de ponerme a escuchar The Little Drummer Boy (El Tamborilero de nuestro Raphael), he optado por sacudirme la pereza de encima al ritmo de Young and Beautiful de Lana del Rey, porque, una vez has decidido creer, lo último que puedes hacer es retirarte a poco de haber comenzado el partido.
Rodeado de tanto regalo imaginaréis que la última de mis preocupaciones es pensar cómo se van a desempeñar nuestros cacharrillos Hybrid Slow Motion en un trazado diseñado para llevar el pie a tabla y contarle intimidades al Altísimo mientras maldices no haber sido previsor con la muda disponible para el fin semana.
No me lo toméis a mal, únicamente pretendo que lloréis un poco...
... y no olvidéis jamás que quienes nos han traído hasta aquí son los menos indicados para hablar de adeenes o largarnos homilías desde sus púlpitos, y no hablo sólo de los clowns que integran el apparatchik, también señalo a los que desde la prensa, las retransmisiones e Internet, han preferido callar como rameras durante casi dos décadas aunque ahora se rasgan las vestiduras en público.
Sed felices, aún hay tiempo. Os leo.

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