No soy fan de los dominios aplastantes pero voy a hacer una excepción para brindar por los que aseguraban que en IndyCar no se daban este tipo de situaciones porque había más espacio para la competición que en Fórmula 1; por los que sigue abriendo la boca sin ser capaces de diferenciar la enorme complejidad técnica que rodea a un piloto en nuestra disciplina de cabecera, a Nürbu me refiero, y la comparan con la que reina en la categoría de Roger Penske; porque el nen es compatriota, faltaría más; y, en definitiva, porque Álex resulta sobre el asfalto un querubín de los de antaño, de aquellos, como Kimi, que, una vez desplegadas sus hermosas alas, acarician las curvas y vuelan en las rectas, convirtiendo todo lo que hacen en pista en una suerte de poema magistral en el que no sobra ni se echa a faltar una miserable coma.
St. Pete supone el primer jalón en la búsqueda de la quinta Astor por parte del barcelonés, pero significa (también) rubricar con hechos a quién debe mirar el resto de componentes de la parrilla. Si algo había que hacer en Florida era ganar y marcar territorio a los rivales, y lo cierto es que nuestro mejor piloto al otro lado del charco ha dibujado de una tacada las líneas maestras de lo que puede ser 2026 a poquito que le sonría la suerte.
Una de una. Un 100% era, ¿no?
Os leo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario