Ahí fuera hace un tiempo desapacible y ha quedado una tarde preciosa para disfrutar de algo de lectura en la mecedora, con mantita, la pipa, seguramente Madonna y Luz Casal como sonido fondo, dos dedos de whisky a partir de las siete, Eileentxu durmiendo a mis pies y el Monte en la pantalla del ordenador, y así hasta que suenen las trompetas que derribaron Jericó y me deje llevar por la sexagésimo cuarta edición de la Rolex 24 at Daytona.
Hacía mucho que no me permitía una tarde como la de hoy, la verdad, incluso con la previsión de una noche y madrugada en la que no sé cuando pisaré la cama. Tampoco es la primera vez que tomo distancia para gozar como un jabato del automovilismo en plan contemplativo, y así, recuperar en lo posible el pulso que me llevará luego a mirar las cosas con lupa durante la temporada de Fórmula 1, as usual, pero el tiempo es lo único que los mortales no podemos comprar, aunque hoy estoy de suerte.
Os leo.

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