Por lo que se ve los jubilados siguen haciendo el agosto [Los asaltacunas]. Se acercan las fechas un poquito más que la semana pasada, el runrún crece, y ya hay quien se está ahogando en un vaso medio vacío mientras somete a sus lectores u oyentes a un mayor apremio del que ejerce Duolingo cuando pasas un poco de la aplicación. ¿Dejamos de respirar ya o posponemos el fin de los tiempos para otro día?
Recuerdo la pretemporada de 2014 y las quejas de los agonías cuando vieron a Sebastian Vettel empujando su Red Bull tras haberse jodido la Energy F1 de Renault apenas habiendo rodado unos metros por el pit lane.
¡Coño, y la de 2009! Brawn GP apareció en los últimos compases de los entrenamientos, pero como nadie intuía entonces que la de Brackley se acabaría coronando Campeona del Mundo de Constructores aquel año, permitiendo que el buenorro de Button se calzase su primer, y único, Mundial de Pilotos, los especialistas obraron en consecuencia y se lo tomaron en plan chiste de don Miguel Gila, como lo leéis.
Qué queréis que os diga, esto de la urgencia autoimpuesta y la (supuesta) falta de seriedad o compromiso a la hora de cumplir plazos, me lleva a felicitarme por haberme forjado en Humanidades, así, en plan tajante. O aportas contexto al sarao o estás perdido, ya que la actualidad deportiva, a pelo y sin pasar por el horno microondas, se hace bola con relativa facilidad. Liberty Media y los equipos han apostado por complicarse la vida de mala manera —a ver si hablo de esto dentro de unos días—, la FIA ha dicho ¡vale!, y ahora las están pasando putas los que, mayormente por falta de experiencia vital, pensaban que el monte era orégano y se podían dar exclusivas.
Quiero decir con todo esto que la fiesta previa a 2026 va un poco por barrios, as usual, por no insinuar que aquí se asfixia quién quiere y eclusivamente debido a la presión a la que nuestros plumillas e influencer se someten en sus redes sociales, aunque, lógicamente, en nuestra mano queda hacerles caso o negárselo, para que, al menos, recuperen el resuello y no tengamos una desgracia.
Por mi parte sigo en mis trece: llegamos al fin de semana del 8 de marzo sin haber perdido a nadie; y a partir de ahí, Dios dirá.
Os leo.

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