Por suerte, más allá de la ingeniería elaborada, la bendita aerodinámica, el marketing, la propaganda, los bulos, los intereses de unos y otros, la política, las luchas de poder y la firma de contratos multimillonarios, etcétera, la máxima expresión del automovilismo deportivo tiene en el conductor de élite su figura cúlmen, ya que, cuantitativamente hablando, es él quien sigue ofreciendo mayor cantidad de emociones por segundo.
Sí, sé de sobra que ir contra lo que dice nuestro catecismo suele acarrear funestas consecuencias, entre las que se encuentra que te azoten con el látigo de la indiferencia, que decía mi buen amigo Martín Herzog, pero ya da igual.
Como se comenta en el metraje inicial del precioso vídeo que os comparto más abajo, el automovilismo deportivo se ha deshumanizado paulatinamente conforme pasaba el tiempo, aunque el piloto sigue poniendo el alma que necesita el vehículo para rodar. Sin el factor humano no hay telemetrías ni rendimiento, ni gestas ni fracasos, lo que nos lleva de vuelta a las reflexiones que hacía en 2015 Patrick Allen a cuenta del auténtico valor del espectáculo que ofrecía entonces la Fórmula 1 [Formula One slammed as «not saleable» and a «shit product» by Silverstone boss Patrick Allen].
Habida cuenta de que en 2025 se ha coronado un Lando Norris cuya hazaña podría haber sido firmada por cualquier otro titular, no nos engañemos, y ha mordido el polvo el individuo que bajo mi humilde punto de vista merecía el cetro, pretendo cerrar este ratito hablando de almas, básicamente porque no hay dos iguales, y también porque en nuestra parrilla sólo hay un par de figuras que destaquen por poner alma a todo lo que hacen.
De una no me está permitido hablar, ni escribir. Es compatriota y ensalzarlo en este aspecto, o en otros, supondría pecado de hooliganismo, entendedme, pero a Verstappen sí lo puedo mencionar, ya que es el tipo que ha dado valor a lo conseguido por Norris a base de emocionarnos como nadie carrera a carrera.
Obviamente, esto que digo no te lo enseñan en la escuela. El paladar, en automovilismo, se entrena poco a poco y no precisamente llenando el buche con hamburguesas. Así que aparcad las cifras y los datos que carga el diablo y centraros en quién os emociona más en cada prueba, que suele ser el camino más rápido para encontrar a ese driver que os enamorará de por vida, y quedaros con él, claro, aunque pierda un campeonato por dos puntos.
Os leo.

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