Si los hombres engendraran y parieran, seguro que todo sería infinitamente más sencillo, e incluyo aquí los Reglamentos FIA.
Muchos de los pocos que me leen no habían nacido, lógicamente, pero hubo una época en Twitter, en que Magon y Journal veían hasta en la sopa el Made in Germany, cosa que pudimos comprobar como cierta cuando la tradicional germanofilia anglosajona nos pasmó con la Normativa 2014, repleta de tokens cuyo funcionamiento no entendía nadie, reglas de primer y segundo año, y recovecos y numerosas vueltas de tuerca, así como abundantes zonas grises, cuya profundidad abisal sólo fueron capaces de comprender en Brixworth y Brackley, y porque venían con la lección aprendida.
No quiero enredarme, pero reitero que si los hombres dieran a luz después de llevar durante nueve meses un pequeño alien en sus entrañas, alguien habría exclamado: ¡que sea sencillito, por favor, que luego nos ponemos como nos ponemos en el paritorio! antes de abordar la definición del paquete de reglas para motores que estará vigente desde este año.
A ver, cuando realmente quieres fomentar la competitividad y el espectáculo, lo lógico sería apostar por unos propulsores que entendiera desde el mejor ingeniero de la parrilla hasta el último pardillo que se sienta frente al televisor a ver F1, pero cuando lo que pretendes es marcar diferencias con los rivales desde el minuto uno y complicarles luego la recuperación, el espectador importa un carajo, así como la competición y el show.
Simplificar es el verdadero arte en ingeniería, no nos engañemos, pero se ve que hemos vuelto a tomar el camino contrario, apostando por un Cybertruck para hacer lo mismo que ha hecho siempre un ganadero o agricultor con su Citroen C15, o, si me apuras, con un Panda o un 2CV.
No tengo nada contra la modernidad, salvo, acaso, que cuando te descuidas te deja un muerto sobre la mesa y varias víctimas sin aliento desperdigadas por el suelo, como en las películas de mafiosos.
Hemos comenzado 2026 jugando sucio y me aterra la ternura del personal, pues no está a debate qué mejor unidad de potencia propulsará a qué equipo, sino ver quién va a sacar ventaja de tanto ruido reglamentístico con tal de llevarse al gato al agua y aniquilar a sus competidores sin haber disputado un miserable kilómetro de carrera. ¿Era así la F1 de antaño? Pues no, básicamente porque antes había un margen de respuesta y alternativas que ahora no existen.
Os leo.

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