En días como hoy bajo a la playa después de almorzar y me dejo acariciar por los tirabuzones de aire que surgen de la bahía, y cerrando los ojos recito algunas estrofas del Dame tu Amor de Vainica Doble que acompañó con su voz Alejandro Sanz, pero en la versión de Luz Casal.
Mi norte y mi guía, mi perdición...
Luego, de vuelta en el estudio, me he dado de bruces con una noticia vieja que me abrazaba pegajosa como si hubiese sido redactada hoy: F1 The movie ha sido propuesta para los Oscar de este año, ahí, con dos avellanitas y un palo. Y en realidad no sé de que me extraño, tonto de mí.
Debería estar escarmentado, pero entre el Nobel de la Paz cuya medalla ha acabado en manos de Trump, la idea esa loca del FIFA de la paz otorgada al mismo fenómeno, el Planeta que ha caído a la sombra de Juan de Val y Autosport que le ha dado un no sé qué a Ross Brawn por los servicios prestados, no imaginaba que tenía más calzoncillos que sujetar a la cintura.
Siempre te he mirado indiferente, y de repente...
Pero me quedaban, al menos un juego, que se me ha ido pata p'abajo en cuanto he conocido que el bodriete de Joseph Kosinski ha resultado acreedor a optar a uno de los más altos galardones de la industria cinematográfica, al menos en el plano mediático.
Ariel me tiene dicho que creer es el primer síntoma de derrota, y le he dado la razón hace escasamente un par de horas, porque se lo debía a mi buen amigo, porque es de bien nacido ser agradecido y porque, entre compadres, claudicar jamás significa flaqueza.
Dame tu alegría, tu buen humor; dame tu melancolía, tu pena y dolor...
Pero, ¡no me jodas! Una película de domingo por la tarde, como cada uno de los Grandes Premios que gracias a Liberty Media configuran nuestro calendario, sea dicho de paso, candidata nada menos que a los Oscar.
Eres mi muerte y mi resurrección. Eres mi aliento y mi agonía, de noche y de día...
Os leo.

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