Constantemente mostramos tendencias destructivas porque forman parte de nuestro bagaje animal. A lo largo del proceso de socialización los seres humanos aprendemos a controlarlas primero y a utilizarlas en beneficio propio después, siempre bajo las normas del marco de convivencia que nos cobije. Quien falla en este aspecto se convierte en un inadaptado, en un peligro para sí mismo y los demás o incluso podría llegar a mostrarse un ser profundamente autodestructivo.
La piscología me apasiona pero no está muy bien vista que digamos y en lo nuestro aún menos. Sin embargo, muchas veces hablamos de la consistencia de un piloto o la fragilidad de otro si tener en cuenta que más allá de sus manos o cerebro, esa dureza o debilidad que se palpa sobre los trazados hunde sus raíces en la parte innacesible de la personalidad que se define como mente y los más arrojados llaman alma.









