Hay días en que no sé para qué demonios me pongo a escribir, porque siento que las palabras no pueden expresar según qué cosas, y hoy es uno de ellos, porque lo que trato de decir pudimos verlo anteayer con nuestro propios ojos.
El de Cracovia desatado en una ratonera de hormigón. Un polaco de perfil quijotesco sobre un coche de mitad de parrilla merendándose todo lo que encontraba a su paso. Un tipo especial, muy especial, que si no fuera porque BMW en 2008 decidió unilateralmente que el título de pilotos podía esperar (¿a cuándo, alma mía?), hoy mismo sería un dignísimo campeón del mundo y quién sabe en qué coche andaría montado… ¡Ese tipo. Ése, sí!









