miércoles, 6 de diciembre de 2023

Toto no es una ONG


Me fascina cuando el personal se pone digno porque se señala al multimillonario que más poder acumula en el paddock

Vínculos económicos más o menos patentes con al menos tres equipos, incluido el que dirige, del que posee el 33%, controla bajo los focos o desde la sombra la carrera profesional de diferentes pilotos y el botoncito que convierte en mágicas las unidades de potencia Mercedes-Benz, un 40% de la parrilla, y además tiene mano para que la FIA modifique el Reglamento Técnico a conveniencia o Pirelli cambie los parámetros de construcción de su producto a mitad de temporada...

Está aquí para ganar dinero y es admirado por ello. Wolff no es una ONG, dicen, y precisamente porque tenemos unas tragaderas de mil demonios y hemos asimilado que estas anomalías pasen por normales, me sorprende —sólo un poquito, la verdad—, cómo han salido a defenderle los estómagos agradecidos de lo nuestro porque la FIA lo ha puesto en su punto de mira como posible receptor de información confidencial.

Con tanto interés personal desperdigado por los cuatro puntos cardinales del deporte, lo raro sería que no se sospechase de él, en términos generales, o de que maneje información que otros tardan en tener en sus manos, aunque lo extraño, más bien, surge de constatar una vez más la necesidad que tenemos de que Toto siga siendo un ser de luz que camina sobre las aguas, como si nos chupásemos el dedo, como si hubiésemos nacido ayer.

Os leo. 

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