Me han caído suficientes boinazos por defender que Ferrari mantiene opciones, como para que no se me haya escapado una sonrisa al comprobar que Philip Morris International estrena publicidad sobre los coches rojos.
No me preocupa demasiado que la tabacalera esté presente en todos los saraos de Maranello desde hace algo más de dos décadas, mientras al potro de Baracca no le pongan un pitillo en la boca. Esto son bussines al fin y al cabo, y el dinero empuja más que la gasolina en Formula 1. Todo normal, aunque lo jocoso del asunto está el tempo y en el lema de la campaña.









