Llega un momento en la vida en que ésta parece resistirse a que la sigas llenando de memorias funestas, aunque ambos, ella y tú, sabéis que siempre habrá espacio para una más...
No tenía intención de escribir esta noche. Nürbu va lo suficientemente bien como para que pueda tomarme la licencia de aparcar el vehículo en la cuneta, detener el motor, salir de mi minúsculo ataúd con ruedas, desprenderme del casco y la balaclava, y respirar el aire de la noche como quien ha invertido cuatro minutos haciendo apnea soñando con ser remolino, Simbad o Cousteau, en las oscuridades del mar.









