viernes, 6 de julio de 2012

Descartando versos [Embudo I]


Si lo que vemos en el exterior de un monoplaza suele dejarnos boquiabertos, lo que que oculta su piel podría llegar a desencajar nuestras mandíbulas, porque la aerodinámica que reina afuera impone su ley también bajo la carrocería, incluso con mayor incidencia de la que cabría pensar.

Entre dibujo y dibujo, uno tiene mucho tiempo para pensar, y aunque los pensamientos salen a borbotones, lo complicado es justificarlos, de manera que a ratos, a ratitos más bien, se va armando la teoría propia a base de cotejar fotos y certificar o desechar lo que se intuye. Una vez pasado el filtro, cuando todas o casi todas las piezas encajan, más o menos, conviene pasarlas a limpio y presentarlas para que los compañeros y amigos, incluso los enemigos, pongan su granito de arena a la hora de intentar comprender lo que la F1 nos niega.

jueves, 5 de julio de 2012

¡Detened al Halcón Milenario!


El miedo que se le tiene a Red Bull me parece desmedido, aunque como es libre, tal cual decía aquél, lo mejor sería respetar la cautelas, ponerse el chaleco antibales y el casco de kevlar, por si acaso, aunque confieso que el cuerpo me pide hacer todo lo contrario, al menos hasta que dispongamos de mejores datos que los que obran en nuestro poder.

¿Razones? Bueno, pues la primera está en que el RB8 de Vettel no terminó la carrera en Valencia, y el de Webber, a pesar de despertar de su letargo cuando su compañero estaba fuera de combate, como si alguien desde el wall hubiera gritado aquello de «¡Trata de arrancarlo Mark, trata de arrancarlo…¡ ¡Trata de arrancarlo, por God!», tampoco es que destacara tanto, pues llegó cuarto en una prueba en la que hicieron mutis por el foro desde Sebastian hasta el tato (¡ey, que Fernando sólo se benefició de la rotura del alemán!).

miércoles, 4 de julio de 2012

Jugando a estar vivos


En días como hoy, en los que se hace rematadamente complicado escribrir sin recalar en María de Villota, en Marussia, en la estupidez de la FIA o en la de todos nosotros, acostumbro a dejarme llevar apoyándome en una foto, sin saber muy bien ni dónde dará comienzo ni dónde acabará la entrada, ni siquiera si seré capaz de no cagarme en todo a mitad de texto, para que mañana me arrepienta.

Buscando por ahí he dado con Mansell navegando en el agua, sobre un circuito que ni reconozco ni quiero reconocer (total, para qué), y me he dicho mientras me servía un vaso de whisky y cargaba de nuevo mi pipa, que tal vez hoy me serviría Nigel volando bajo la lluvia para armar unas líneas que ayuden a liberar la mala entraña que llevo puesta tras leer por enésima vez que María no estaba capacitada para subirse a un F1.

¡Hay que alimentar a la fiera!


¡Hay que alimentar a la fiera! Los circos no serían nada si no venciera la apariencia sobre la verdad más sincera, de manera que la sirena nunca será una sirena y el hombre elefante siempre será un tipo enfermo, lo mismo que la mujer serpiente y la mujer barbuda.

El gigante tampoco es tan grande, como el caballo blanco no es blanco porque por dentro es negro zahíno, o como el enano que levanta risas a su paso, pero que llegada la noche lee a Shakespeare y regala algunos versos a la luna. Ni siquiera los payasos se libran de la quema que pone a todo el mundo en su sitio cuando acaba la función, porque es sabido que en el fondo son tíos la mar tristes que no dudan llegado el caso, en suicidarse. De idéntica forma, la fiera jamás está en el interior de la jaula donde el león o el tigre aparentan dejarse domar por el domador, respondiendo a su látigo con rugidos hambrientos mientras hacen la digestión a la hora de la siesta, sino rodeando la arena o el serrín donde prende su magia el espectáculo.

martes, 3 de julio de 2012

Simplemente María


El accidente sufrido esta mañana por la piloto de pruebas de Marussia, María de Villota, ha convulsionado Internet, los medios, y si nos ponemos, a la madre que parió a Peneque, porque tras saltar las inevitables y comprensibles alarmas, inmediatamente se ha puesto de relieve lo fina que resulta la piel de quienes sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, han clamado al cielo para recordar que María, simplemente María, no tiene la superlicencia que otorga la FIA a los elegidos para la gloria, y claro está, con tamaña carencia, era de todo punto comprensible que pasara lo que ha pasado.

Lo gracioso del asunto (se puede hablar en estos términos ahora que sabemos que María por fortuna se repone positivamente de su accidente), estriba en que muchos de los que han aprovechado para zarandearla de nuevo en nuestro siempre agradecido país, van por la vida como periodistas sin que nadie les reclame título, curriculum u honores, para que sea creíble o admisible que ejerzan como tales.

Tecnología de F1


Creo que alguna vez yo os he hablado de él, del padre de un amigo que ejerció de hombre bueno a lo largo y ancho del mundo, y que tuvo a bien compartir conmigo su honda sabiduría en infinidad de ocasiones. Antonio falleció el año pasado, lo que corrobora lo que insinuaba antes, ya que una de sus mejores frases aludía a que uno comienza a saberse viejo cuando recuerda los años, precisamente por los amigos y la gente que se ha llevado cada uno.

Tenía otras, como aquella que te advertía de que comenzaras a hacerte análisis cuando notases que los taxistas empezaban a ser más jóvenes que tú, o aquella más que te recomendaba palparte la ropa cuando las cosas que para ti tenían algún sentido, necesitaban de traducción o explicación para que las comprendieran tus interlocutores...

lunes, 2 de julio de 2012

Mira, mamá: sin manos


Williams es uno de esos magníficos ejemplos que me hacen pensar en que lo que ocurre dentro de la F1 es aplicable con puntos, comas y comas y puntos, y acaso con algún que otro punto y seguido suelto, a eso que llamamos realidad, porque después de sacar a subasta los habitáculos de sus vehículos para tener dinero suficiente como para disponer de un buen monoplaza, ahora que lo tiene, de lo que carece es precisamente de pilotos que sepan estar a su altura.

El FW34 ha salido bueno y a fe mía que no lo imaginaba. La operación de limpieza de casa que originó la salida de Sam Michael la temporada pasada, no me dio buena espina. La llegada de Coughlan y la jubilación de Head tampoco ayudaron a resolver mis cautelas, lo mismo que la patada en el culo que dio la de Grove a Rubens Barrichello, a finales de la sesión 2011.

6, el número imperfecto


Escribiendo el otro día sobre el Lotus 25, recordé que bastantes años después de su estreno, tras la aparición del Tyrrell P34, algunas escuderías se enfrascaron en buscar diseños que aplicaran la piedra filosofal que había descubierto Derek Gardner en su coche, tratando de optimizar el uso de ruedas pequeñas, en diferentes posiciones, para ofrecer menor resistencia al avance y bajar de paso el centro de gravedad de los mismos.

Si el camino mostrado con la utilización de neumáticos de volumen muy reducido (10") en el tren anterior, quedaba definitivamente cegado a los equipos por la retirada de Goodyear del proyecto que iniciara mancomunadamente con Tyrrell a finales de 1975, no ocurría lo mismo con la posibilidad de sustituir las voluminosas y tradicionales ruedas traseras de la época con diferentes soluciones en las que intervendrían las delanteras, cuyo suministro además, estaba asegurado.

Verde, que te quiero verde


Mucho antes de que Fernandes vistiera a sus Lotus malayos de green racing con vitola amarilla, para terminar llamándolos Caterham, la tradición automovilística bebía de fuentes bastante sobrias a la hora de elegir la indumentaria de sus vehículos. No afirmaría tajantemente que los padres de este deporte no le dieran al cognac francés o al whisky escocés cuando decidieron no andarse por las ramas con los aspectos exteriores de sus coches, ya que la cosa a la postre, resultó tremendamente sencilla: por naciones, como se decía por aquel entonces, y un color para cada una.

Pasó el tiempo y la cosa cuajó como referencia visual indispensable, y al amparo de estas normas de estilo que estaban vigentes en todo tipo de carreras, se estrenaba el Mundial de F1 a mediados de mayo de 1950. Aquí cabe decir que antes de la II Guerra Mundial eran pocos los países que disponían de industria suficiente como para presentar sus bólidos en un Grand Prix, en las 24 Heures du Mans, o en otro tipo de pruebas, así que con cuatro o cinco valores cromáticos sobre la pista, el público ya sabía a qué atenerse sin complicarse la vida. Vamos, que no hacía puñetera falta liarse la manta a la cabeza con el Live Timing y el Twitter para saber que si ganaba un monoplaza azul, era francés por definición, y que si el vencedor destacaba en rojo sobre el asfalto, seguro que era italiano.

domingo, 1 de julio de 2012

El hijo pródigo


El mundo parece no tener intención de querer cambiar su rutina. Saturno sigue devorando a sus hijos mientras les declara culpables de lo que aconteció, de lo que pasa y de lo que sucederá, condenándolos así a la tristeza más profunda. Entretanto y por fortuna, sigue habiendo lugar para los milagros. Así, el jersey de rombos que lucía Fernando cuando la política, aquélla, ésta y la otra, toda ella, lo convirtió en rehén de su megalomanía en Cheste, como podía haber sido en otro sitio, se volvía jirón de bruma el pasado domingo, cuando el Nano paseaba su orgullo tras haber obtenido la victoria en la soleada Valencia.

Ayer concluía junio tras haber cumplido el rito anual del solsticio de verano, y nos deja esa imagen que llena la retina de los aficionados y les hace olvidar que desde el veintiuno, los días son más y más cortos, y las noches más y más largas. El mundo sigue erre que erre. Ni quiere, ni sospecho, sabe cambiar el paso, aunque a cambio nos presta algunas miguitas de pan que nos mostrarán el camino al hogar en cuanto nos demos la vuelta. Fernando ya las divisa, volvió para pagar aquí sus impuestos, y volvía de nuevo hace tan sólo unos días para sentirse otra vez uno de los nuestros.